sábado, 21 de septiembre de 2013

A tientas

El plazo que esperaba ya llegó, los retos ya no están lejanos, ahora se perciben más cercanos, más presentes... Algunos intentan chocar mi cara para ver si estoy alerta. Lo estoy. Camino con firmeza, con frescura, con las ondas al viento y pintura blanca en la camisa. Aunque no cometo la osadía de sentirme en la cumbre (porque el vértigo aún me condena), respiro vitalidad e irradio energía ante esta realidad: estoy conquistando el terreno que piso. Y me siento tan mía, con todos los pensamientos, delirios y espejismos impíos. Mía, mía, siempre mía. Soy dueña de todo lo que represento y lo que dejo, ansiosa por conocer qué es lo que sigue. Fluyo, me dejo ser libre y evito cualquier exceso de control. Renuevo, como siempre, la licencia para ser libre y amar(me) completamente.

Negocio con mis temores, gracias a los ángeles que me rodean y me alientan a continuar un peldaño más arriba, aun cuando quiera retirarme y sienta el techo golpeándome hacia el suelo. Me reconcilio con mis propias herramientas y pongo todo mi empeño mental y físico para luchar firmemente ante cualquier amenaza hacia mi supervivencia. Así sea adrede. Necesito aprender y tengo que quitarme esa maña de creer que me falta tiempo o que no es el momento. La cobardía pasó a un segundo plano desde el momento en que tomé decisiones trascendentales y productivas. Tengo que amar y aceptar esa en la que me estoy convirtiendo para liberar a aquella que fui, pues, quizás aquella ya no tendrá un sitio donde refugiarse (o atormentarme).

Las trampas y artificios mentales son mindgames que tumban a cualquiera. Pero, por encima de estos, hay una burbuja que necesita estirarse... tal vez romperse... A medida que avanzo, despacio por la oscuridad del futuro cada vez más intenso e incierto, me enfrento a la necesidad de crecer a pasos más grandes de lo acostumbrado (y, ¿por qué no?... con más tropiezos de los habituales). 

Si quiero volar, debo dejarme despegar. 

La tinta que brota desde las venas pretende dejar huellas profundas, especialmente en el nivel espiritual. No busco el sentido de las cosas, mas dejo que me encuentre... Y la única forma de toparme con él hasta observarlo, criticarlo y aceptarlo es que configure el momento ideal para ello. Es por eso que celebro con sonrisas anchas, me doy gustos selectivos, me arriesgo y pruebo... me levanto con un shot de pura pasión plus dedicación. Canto mientras saboreo la adrenalina que se dispara al escalar ese muro de lamentos y frustraciones. 

No sé qué voy a escribir en un futuro inmediato. No sé si voy a narrar la historia de un fracaso o de -qué sé yo- un éxito mediano, mas quiero usar el mejor lienzo, la tinta suficiente y el más genuino de los estilos. Avanzar más allá de las quejas y los obstáculos externos. Sin duda, la vida es más sabrosa cuando eres lo suficientemente valiente para reconocer tus flaquezas, humilde para reconocer tus capacidades sin delirios de grandeza, justo para saber que puedes ser realmente bueno y capaz para no encasillarte en definiciones y limitaciones.

Así que... aquí voy... a tientas... pero con mi mejor traje.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El valor de incomodarse

"Algunas cosas me dejaste ver, algunas cosas descubrí yo... lo suficiente para comprender el poder de los deseos". 
Gustavo Cerati

Disparo, me esfumo. Soy la bala de palabras que impacta. Sin violencia, aunque a veces duela. Solo son destellos que esclarecen... resuenan... tumban... desencajan... 

Lanzo un rayo, con prudente violencia, a la caja en la que te ocultas. Olvido tus excusas, me arrastro con tus penas. No te ataco aunque tu sistema de defensa estalla y tus ojos me inventan colmillos, éxtasis demoníaco y descontrol. Soy la mano amiga que más podrías odiar.

Conozco tus máscaras y tu cuadrado de confort, he estado allí dentro. Todos somos pecadores de esa comodidad. Pero siempre me gustó anotar letras de canciones en los bordes del esquema básico. Yo soy la típica persona que tiene una versión en dibujitos de la historia que cualquiera me cuenta. Y ni siquiera sé dibujar...

No soy distinta, ni soy más fuerte. A veces me nublo, me encierro y me disfrazo de esa que gusta. Tengo temores. Sobre todo, al permanente reflejo en el espejo. Pero deposito confianza y un aliento de desesperación en esas mentes cómplices que no vacilan en sacudirme y disparar justo en el cerrojo de la prisión del corazón. Corre, felino, huye de la jaula...

Vivir en el equilibrio (virtuoso, como diría Aristóteles) siempre cuesta más que sucumbir a algún extremo. ¿Pero quién es capaz de encerrar por toda una vida a un deseo? Los deseos no cometen suicidios, solo se ocultan en la sombra y aguardan hasta que pulses los detonantes.

Rompe la burbuja llena de los recibos y facturas que la vida va almacenando. Salda la cuenta. No hay números rojos.

Estallar y reaccionar hasta sentirse vivo. 

Roza el límite. Siente la vibración. Escucha la profundidad de ese último sonido. Deja que la piel se erice. Espera el éxtasis. La vida solo vale la pena tras cada conquista de liberación interna. 

Suelta la risa y la locura. Ámalo. Rompe la cadena. Gime. Declara la rebelión contra el prejuicio y escúchate gritar por mero delirio. Camina despacio. Dispara verdades y sangra reflexiones puras. Respira. 

Rodéate de gente tan real como tú. Toma tu rumbo. Antes de herir a alguien, hiérete a ti mismo. Y siente. Bebe. Renuncia a la máscara. Asume el sueño. Toca. Disfruta el vértigo y todo ese miedo, no calles demasiado, mas no hables por hablar. Inhala el humo y expulsa el daño. Escucha.

Ese inquilino fantasmal se suicidó por un disparo de verbos en la sien: Su fin es la victoria del empolvado deseo de reconocerse sin espejos. Let's dance...