El pasar del tiempo, las circunstancias y las experiencias vividas modifican constantemente nuestras perspectivas y conceptos en torno a la felicidad, la perfección, el sentido de las cosas...
La decadencia hoy es una historia de cuento inspirada en un café parisino de los años 20, cargado de romances entre cortesanos, escritores bohemios, cazafortunas y borrachos impertinentes pero felices de pertenecer a la dulce locura. La decadencia hoy puede ser satén puro y al rojo vivo, humo y ruido de carros a toda velocidad, música estridente y sonido de botellas, besos compartidos y fantasías, arte y gritos sublimes de rebeldía. Puede ser tomarse más de un té con El Sombrerero y Alicia.
La decadencia hoy es una historia de cuento inspirada en un café parisino de los años 20, cargado de romances entre cortesanos, escritores bohemios, cazafortunas y borrachos impertinentes pero felices de pertenecer a la dulce locura. La decadencia hoy puede ser satén puro y al rojo vivo, humo y ruido de carros a toda velocidad, música estridente y sonido de botellas, besos compartidos y fantasías, arte y gritos sublimes de rebeldía. Puede ser tomarse más de un té con El Sombrerero y Alicia.
¿Y mañana qué? La decadencia será el despojo sano, el recuerdo de la risa, el mirar el reflejo de las ojeras malvas en el fondo de una copa de vino, los porqués y el tinnitus incesante, la charla filosófica y el sentimentalismo cómplice, la resolución de cada amorío, deshojar margaritas a carcajadas, olvidar el tamaño del hueco en la almohada o la cantidad de arrugas que guardaban las sábanas, una canción de Calamaro y otra de Sabina, bailar un bolero en la Plaza Bolívar... Disfrutar del paisaje hasta enamorarse del mejor encuadre.
Entre idas y venidas, todo se irá reinventando y nos iremos encontrando. No hace falta proponérnoslo, solo hay que dejar que las cosas fluyan y los deseos se cumplan... al menos por esta vez. Hay que rescatar lo bueno, desechar lo que ya no hace falta y entender cómo los procesos siguen su ciclo naturalmente. Últimamente lo que solía ser cómodo, molesta; por lo tanto, hay que cambiar la búsqueda. Y es posible apuntar hacia aquel norte que la brújula de la memoria dejó de mirar. Ahora lo que siempre fue un sueño o una tonta y cursi idea se convierte en algo posible. No obstante, lo racional te impide volar sin protección mas no puede quitarte ya la ilusión en su estado puro porque todo está cada vez más distante de la rutina y de la estrategia firme.
Yo, ahora, preparo un bolso para viajar por la ciudad que se esconde detrás de sus ojos. Lo lleno de un montón de temas que ya a nadie le interesan, sutil timidez, tontas aventuras y silencios con sonrisas que intriguen. Me recargo de una vitalidad basada en la locura y la espontaneidad casi perdida, en lo casual, en lo más honesto. No me importa tanto la ruta que tome el viaje puesto que ya confirmé que el asunto venía con buen humor, toneladas de libros, conversación fluida y una comodidad que vale oro.
Perdónenme, queridos, Dënver lo dice menos formal y enrevesado que yo: "Contigo no necesito esconder mi pasión por las estrellas, si a ti también te gustan las cosas que a nadie le interesan".