jueves, 25 de julio de 2013

Comodidad

El pasar del tiempo, las circunstancias y las experiencias vividas modifican constantemente nuestras perspectivas y conceptos en torno a la felicidad, la perfección, el sentido de las cosas...

La decadencia hoy es una historia de cuento inspirada en un café parisino de los años 20, cargado de romances entre cortesanos, escritores bohemios, cazafortunas y borrachos impertinentes pero felices de pertenecer a la dulce locura. La decadencia hoy puede ser satén puro y al rojo vivo, humo y ruido de carros a toda velocidad, música estridente y sonido de botellas, besos compartidos y fantasías, arte y gritos sublimes de rebeldía. Puede ser tomarse más de un té con El Sombrerero y Alicia.

¿Y mañana qué? La decadencia será el despojo sano, el recuerdo de la risa, el mirar el reflejo de las ojeras malvas en el fondo de una copa de vino, los porqués y el tinnitus incesante, la charla filosófica y el sentimentalismo cómplice, la resolución de cada amorío, deshojar margaritas a carcajadas, olvidar el tamaño del hueco en la almohada o la cantidad de arrugas que guardaban las sábanas, una canción de Calamaro y otra de Sabina, bailar un bolero en la Plaza Bolívar... Disfrutar del paisaje hasta enamorarse del mejor encuadre.

Entre idas y venidas, todo se irá reinventando y nos iremos encontrando. No hace falta proponérnoslo, solo hay que dejar que las cosas fluyan y los deseos se cumplan... al menos por esta vez. Hay que rescatar lo bueno, desechar lo que ya no hace falta y entender cómo los procesos siguen su ciclo naturalmente. Últimamente lo que solía ser cómodo, molesta; por lo tanto, hay que cambiar la búsqueda. Y es posible apuntar hacia aquel norte que la brújula de la memoria dejó de mirar. Ahora lo que siempre fue un sueño o una tonta y cursi idea se convierte en algo posible. No obstante, lo racional te impide volar sin protección mas no puede quitarte ya la ilusión en su estado puro porque todo está cada vez más distante de la rutina y de la estrategia firme.

Yo, ahora, preparo un bolso para viajar por la ciudad que se esconde detrás de sus ojos. Lo lleno de un montón de temas que ya a nadie le interesan, sutil timidez, tontas aventuras y silencios con sonrisas que intriguen. Me recargo de una vitalidad basada en la locura y la espontaneidad casi perdida, en lo casual, en lo más honesto. No me importa tanto la ruta que tome el viaje puesto que ya confirmé que el asunto venía con buen humor, toneladas de libros, conversación fluida y una comodidad que vale oro.

Perdónenme, queridos, Dënver lo dice menos formal y enrevesado que yo: "Contigo no necesito esconder mi pasión por las estrellas, si a ti también te gustan las cosas que a nadie le interesan".

jueves, 11 de julio de 2013

De repente

Cuando uno menos se lo espera uno amanece con una sonrisa de oreja a oreja, con el corazón galopando hacia el horizonte y rodeado de un aura de buena vibra. El despertador ya no es infernal y el ringtone crea una experiencia religiosa similar a la de un canto gregoriano. Dormir vuelve a ser sinónimo de descansar y recuerdas lo rico que es explorar las inclinaciones de la temporada: el afán por la adrenalina, las burlas inocentes, descubrir nuevos oasis en la gran ciudad, el café bien cargado y los dulces de verdad... 

Es agradable darte cuenta que, después de la tormenta, uno aprende a reinterpretar y gozar de lo que realmente nos mueve en el interior. El tiempo se esfuma, como el humo entre tus dedos y los silencios entre tus labios casi sellados, y lo que no se cuida se borra como las figuras de arena en la orilla del mar. Todo se transforma: antes la eternidad era gran sueño y ahora se resume al instante en que aquellos ojos se posan sobre los míos, con sutil formalidad, mientras me hablan. 

Los errores pueden ser, en realidad, oportunidades únicas. La brevedad, las causas o las implicaciones de cada invento no son suficientes para indicarnos que nos estamos equivocando. ¿Y si nos equivocamos qué? Si el momento ilusiona, hechiza y fascina... si hay magia, dulzura y locura... ¡Qué importa lo efímero! ¡Qué importa el azar! Mientras algo encienda la chispa que nos hace avanzar, ese algo será el faro, la meta y el mejor lugar. Porque hoy, después de varios años, aún lo sigo dando todo por una sonrisa. Y si es cuestión de vivir y experimentar, es justo y necesario hacer que valga la pena.

De repente recibo gustosa la miel más dulce que han puesto en mis labios porque ahora las resistencias son vanas y la duda es innecesaria. De repente me siento contenta y ligera, como pompa de jabón o como ola suave. Me siento capaz de darlo todo (sin tener que responder a ningún porqué) por un gesto, por un beso, por un suspiro de esos que vienen y se van. De repente la luz tenue alcanza para dos o más... ¡y qué importa! ... si el camino es largo y ahora es que me sobra rock n' roll para la posteridad.

Quizá solo necesitaba toda esta simplicidad.

domingo, 7 de julio de 2013

El mejor antojo... o el acertado accidente...

Quiero tiramisú. Ese dulce lleno de licor de café, ese antojo perenne que no puedo evitar ni sustituir ni con el más exquisito fondue de chocolate. Así te vas colando en mi vida y vas convirtiéndote en el caprichito ideal de cada uno de mis sentidos, incluso del sexto de ellos, incluso de mi mente con toda su imaginación. Un caprichito con alas y sueños en cafés bohemios, de literatura y miradas profundas, de nubes esponjosas por la mañana y sonrisas que, rompiendo toda timidez, se sueltan hasta convertirse en carcajadas. Qué dulce tentación.

No sé nada de ti, ni qué hay detrás de tu voz grave, de tu parsimonia y de tu cuidada actitud. No conozco tus trampas, ni puedo adivinar tus defectos. Ni siquiera comprendo la naturaleza de este súbito enamoramiento. Sospecho, vagamente, que tu alma risueña tiene un magnetismo profundo que conduce a mi espíritu libre. Yo ya sabía que enamorarme no es cosa difícil, mas contigo pienso que no es el típico gustillo curioso, ni la adrenalina por morirme en otros labios, ni los dados alentándome al despecho, no es el deseo vago de encontrarte en todos lados. De hecho, esa sombra que me hace delirar está comenzando tenuamente a tener tu forma, tus maneras y tu timbre... Tus cualidades más evidentes, tu fachada prudente, tu aire seductoramente intelectual. Esa sombra que antes intentó calzar en otra piel ahora se transforma y te ilumina: celeste, honesto y pintoresco.  

Mi mayor anhelo, cuando dejo de lado el afán aventurero, es conocerte y dejar que quieras conocerme. Quizá, después de todo, solo seas la excusa perfecta para encender la antorcha. O, quizá, seas una grata oportunidad. No pretendo ir a buscarte porque podemos ir despacio y encontrarnos.

De momento, sin ningún lazo entre nosotros, puedo agradecer que aparecieses para llenar de claridad ciertas oscuridades absurdas de mi vida, para detonar mis impulsos de locura y por darme palabras, imágenes y gestos para pensar. Porque todo aquel que dispare mi facultad de soñar se gana mi cariño. Y vos, pseudo-Mr. Darcy, eres el tiramisú de hoy, el rock n' roll de anoche y la sonrisa amplia, bonita y brillante de siempre.

Quiero tiramisú con todo y su metáfora lingüística del "hazme feliz". No por ti, sino por mí...

Sos el paisaje más soñado.