domingo, 7 de julio de 2013

El mejor antojo... o el acertado accidente...

Quiero tiramisú. Ese dulce lleno de licor de café, ese antojo perenne que no puedo evitar ni sustituir ni con el más exquisito fondue de chocolate. Así te vas colando en mi vida y vas convirtiéndote en el caprichito ideal de cada uno de mis sentidos, incluso del sexto de ellos, incluso de mi mente con toda su imaginación. Un caprichito con alas y sueños en cafés bohemios, de literatura y miradas profundas, de nubes esponjosas por la mañana y sonrisas que, rompiendo toda timidez, se sueltan hasta convertirse en carcajadas. Qué dulce tentación.

No sé nada de ti, ni qué hay detrás de tu voz grave, de tu parsimonia y de tu cuidada actitud. No conozco tus trampas, ni puedo adivinar tus defectos. Ni siquiera comprendo la naturaleza de este súbito enamoramiento. Sospecho, vagamente, que tu alma risueña tiene un magnetismo profundo que conduce a mi espíritu libre. Yo ya sabía que enamorarme no es cosa difícil, mas contigo pienso que no es el típico gustillo curioso, ni la adrenalina por morirme en otros labios, ni los dados alentándome al despecho, no es el deseo vago de encontrarte en todos lados. De hecho, esa sombra que me hace delirar está comenzando tenuamente a tener tu forma, tus maneras y tu timbre... Tus cualidades más evidentes, tu fachada prudente, tu aire seductoramente intelectual. Esa sombra que antes intentó calzar en otra piel ahora se transforma y te ilumina: celeste, honesto y pintoresco.  

Mi mayor anhelo, cuando dejo de lado el afán aventurero, es conocerte y dejar que quieras conocerme. Quizá, después de todo, solo seas la excusa perfecta para encender la antorcha. O, quizá, seas una grata oportunidad. No pretendo ir a buscarte porque podemos ir despacio y encontrarnos.

De momento, sin ningún lazo entre nosotros, puedo agradecer que aparecieses para llenar de claridad ciertas oscuridades absurdas de mi vida, para detonar mis impulsos de locura y por darme palabras, imágenes y gestos para pensar. Porque todo aquel que dispare mi facultad de soñar se gana mi cariño. Y vos, pseudo-Mr. Darcy, eres el tiramisú de hoy, el rock n' roll de anoche y la sonrisa amplia, bonita y brillante de siempre.

Quiero tiramisú con todo y su metáfora lingüística del "hazme feliz". No por ti, sino por mí...

Sos el paisaje más soñado.


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