sábado, 21 de septiembre de 2013

A tientas

El plazo que esperaba ya llegó, los retos ya no están lejanos, ahora se perciben más cercanos, más presentes... Algunos intentan chocar mi cara para ver si estoy alerta. Lo estoy. Camino con firmeza, con frescura, con las ondas al viento y pintura blanca en la camisa. Aunque no cometo la osadía de sentirme en la cumbre (porque el vértigo aún me condena), respiro vitalidad e irradio energía ante esta realidad: estoy conquistando el terreno que piso. Y me siento tan mía, con todos los pensamientos, delirios y espejismos impíos. Mía, mía, siempre mía. Soy dueña de todo lo que represento y lo que dejo, ansiosa por conocer qué es lo que sigue. Fluyo, me dejo ser libre y evito cualquier exceso de control. Renuevo, como siempre, la licencia para ser libre y amar(me) completamente.

Negocio con mis temores, gracias a los ángeles que me rodean y me alientan a continuar un peldaño más arriba, aun cuando quiera retirarme y sienta el techo golpeándome hacia el suelo. Me reconcilio con mis propias herramientas y pongo todo mi empeño mental y físico para luchar firmemente ante cualquier amenaza hacia mi supervivencia. Así sea adrede. Necesito aprender y tengo que quitarme esa maña de creer que me falta tiempo o que no es el momento. La cobardía pasó a un segundo plano desde el momento en que tomé decisiones trascendentales y productivas. Tengo que amar y aceptar esa en la que me estoy convirtiendo para liberar a aquella que fui, pues, quizás aquella ya no tendrá un sitio donde refugiarse (o atormentarme).

Las trampas y artificios mentales son mindgames que tumban a cualquiera. Pero, por encima de estos, hay una burbuja que necesita estirarse... tal vez romperse... A medida que avanzo, despacio por la oscuridad del futuro cada vez más intenso e incierto, me enfrento a la necesidad de crecer a pasos más grandes de lo acostumbrado (y, ¿por qué no?... con más tropiezos de los habituales). 

Si quiero volar, debo dejarme despegar. 

La tinta que brota desde las venas pretende dejar huellas profundas, especialmente en el nivel espiritual. No busco el sentido de las cosas, mas dejo que me encuentre... Y la única forma de toparme con él hasta observarlo, criticarlo y aceptarlo es que configure el momento ideal para ello. Es por eso que celebro con sonrisas anchas, me doy gustos selectivos, me arriesgo y pruebo... me levanto con un shot de pura pasión plus dedicación. Canto mientras saboreo la adrenalina que se dispara al escalar ese muro de lamentos y frustraciones. 

No sé qué voy a escribir en un futuro inmediato. No sé si voy a narrar la historia de un fracaso o de -qué sé yo- un éxito mediano, mas quiero usar el mejor lienzo, la tinta suficiente y el más genuino de los estilos. Avanzar más allá de las quejas y los obstáculos externos. Sin duda, la vida es más sabrosa cuando eres lo suficientemente valiente para reconocer tus flaquezas, humilde para reconocer tus capacidades sin delirios de grandeza, justo para saber que puedes ser realmente bueno y capaz para no encasillarte en definiciones y limitaciones.

Así que... aquí voy... a tientas... pero con mi mejor traje.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El valor de incomodarse

"Algunas cosas me dejaste ver, algunas cosas descubrí yo... lo suficiente para comprender el poder de los deseos". 
Gustavo Cerati

Disparo, me esfumo. Soy la bala de palabras que impacta. Sin violencia, aunque a veces duela. Solo son destellos que esclarecen... resuenan... tumban... desencajan... 

Lanzo un rayo, con prudente violencia, a la caja en la que te ocultas. Olvido tus excusas, me arrastro con tus penas. No te ataco aunque tu sistema de defensa estalla y tus ojos me inventan colmillos, éxtasis demoníaco y descontrol. Soy la mano amiga que más podrías odiar.

Conozco tus máscaras y tu cuadrado de confort, he estado allí dentro. Todos somos pecadores de esa comodidad. Pero siempre me gustó anotar letras de canciones en los bordes del esquema básico. Yo soy la típica persona que tiene una versión en dibujitos de la historia que cualquiera me cuenta. Y ni siquiera sé dibujar...

No soy distinta, ni soy más fuerte. A veces me nublo, me encierro y me disfrazo de esa que gusta. Tengo temores. Sobre todo, al permanente reflejo en el espejo. Pero deposito confianza y un aliento de desesperación en esas mentes cómplices que no vacilan en sacudirme y disparar justo en el cerrojo de la prisión del corazón. Corre, felino, huye de la jaula...

Vivir en el equilibrio (virtuoso, como diría Aristóteles) siempre cuesta más que sucumbir a algún extremo. ¿Pero quién es capaz de encerrar por toda una vida a un deseo? Los deseos no cometen suicidios, solo se ocultan en la sombra y aguardan hasta que pulses los detonantes.

Rompe la burbuja llena de los recibos y facturas que la vida va almacenando. Salda la cuenta. No hay números rojos.

Estallar y reaccionar hasta sentirse vivo. 

Roza el límite. Siente la vibración. Escucha la profundidad de ese último sonido. Deja que la piel se erice. Espera el éxtasis. La vida solo vale la pena tras cada conquista de liberación interna. 

Suelta la risa y la locura. Ámalo. Rompe la cadena. Gime. Declara la rebelión contra el prejuicio y escúchate gritar por mero delirio. Camina despacio. Dispara verdades y sangra reflexiones puras. Respira. 

Rodéate de gente tan real como tú. Toma tu rumbo. Antes de herir a alguien, hiérete a ti mismo. Y siente. Bebe. Renuncia a la máscara. Asume el sueño. Toca. Disfruta el vértigo y todo ese miedo, no calles demasiado, mas no hables por hablar. Inhala el humo y expulsa el daño. Escucha.

Ese inquilino fantasmal se suicidó por un disparo de verbos en la sien: Su fin es la victoria del empolvado deseo de reconocerse sin espejos. Let's dance...

martes, 27 de agosto de 2013

El último filtro de inspiración

Prometí que ya no más pero, como todas las promesas fáciles, fue solo una mentira pura: de pensamiento y de palabra. No quería que fuese el último porque una se acostumbra rápidamente a lo malo y descubre que no necesariamente tiene que estar mal. Y si lo está, no me importa: la vida es una pugna constante entre ganarse el Cielo y lanzarse de cabeza al Infierno. Lo primero simplemente sucede y lo segundo nos lo buscamos gratamente. Total. Somos ceniza, humo, pecado y furia. Es absurdo anularnos a nosotros mismos, al final nos encontraremos frente al espejo como fantasmas. Prometí que lo dejaría a un lado y me adaptaría a otras cosas. Pero la ansiedad se escurre entre mis dedos y se inmiscuye entre mi piel hasta desatar todo un incendio en mi cabeza.

Sé dominar al monstruo a mi antojo, esta no es una falacia. El problema, como dicen por ahí, surge cuando lo que debo no coincide con lo que quiero... Prometí, entonces, pero sucumbí y no quise hacer nada para resolver la ligereza de mi sentencia. Ya no quería limitarme demasiado, aunque sé que hay caminos que no traen nada productivo, yo por la boca muero y resucito... ¿cómo voy a decir no cuando mis labios susurran ? Yo puedo modificar las cláusulas a mi gusto y eso me basta para sentirme honesta conmigo misma, a pesar de todo. 

Sin embargo, para lapidar cualquier atisbo de remordimiento (o la absoluta e irreverente ausencia de este) decidí, después del placer culposo, volver a prometerlo y guardar todas las tentaciones en el cajón, tras el último aliento de veneno. Pero la mente aún seguía transportándose a esos momentos casi-religiosos y hedonistas. Hasta que cambié el paisaje y, sin cerrojo alguno, dejé que la mente buscase su propio cauce.

Ahí estaba yo escuchando las olas, deleitándome con la vista, buscándolo entre la arena clara y las conchas de mar... ahí estaba yo en la atmósfera perfecta... idealizando distintas "perfectas compañías"... con una copa en la mano que, al agotarse, me reflejaba mis deseos evaporizándose, metafóricamente, en el aire fresco. Después estuve ahí, entre el calor abrasador y la artesanía de segunda clase, queriendo estallar. Porque la tentación me persigue adónde voy, en cualquier forma y en cualquier rostro.

Pero había una barrera sutil, silenciosa y transparente que me impedía darle rienda suelta a cualquier idea loca, que enfriaba todo y acurrucaba el alma. El monstruo quiere arrastrarme, yo también quería caer pero ahora solo puedo soplar y observar qué pasa... y el Sol se vuelve un diente de león... el Cielo es ahora espuma... Cierro los ojos y lo veo frente a mí, sereno y con la vista gacha, se reducen las ganas... se apaga el incendio, se disipa el humo que nace del suelo... Mis sí son ahora no, rotundos y sinceros. 

Y no sé cuánto dure la promesa pero, mientras tanto, ahogo el deseo y me purifico con sal aunque a veces escueza... ¿Son nubes o es el mismo humo? ¿La inspiración es ceniza o fuego azul? Más de una vez esta noche he querido burlar el cajón y consumirme, en silencio. Pero ya a la perdición no le luce mi vestido y la decadencia es solo un recuerdo, solo es la mezcla de esas ojeras malvas, una bebida espirituosa, el boceto de una minifalda bien corta y los ecos de una canción de merengue ochentoso.

Llevo a cuestas la playa, un puñado de ilusiones y un alma que ya no necesita más filtros. Por alguna extraña y optimista razón, ya no quiero, ya no debo, ya no puedo... Y solo sé que ahora la mañana está más clara y que su mirada es mi ventana...


martes, 20 de agosto de 2013

Intercambio sueño para soñar despierto

Nunca me he cerciorado si las pequeñas elecciones que tomo diariamente son las más acertadas. A decir verdad, ya no me cuestiono al respecto. Esta noche, como otras, dejo que me embarguen pensamientos más amables: una buena tertulia me atrapa hasta el punto de consumir las "sagradas" horas de sueño que, con el pasar de los años, cada vez son menos respetadas. Soy plenamente consciente de que mi hábito es arriesgado y, al final, me traerá más dificultades que beneficios. Nada peor que un dolor de cabeza a las 8 de la mañana, unas ojeras muy acentuadas o el advenimiento de las arrugas a partir de los veintipico. 

Pero mi espíritu es libre e indomable. Este necesita alimentarse con frecuencia de ratos de charla nostálgica, de fotografías de buenos momentos, de reencuentros necesarios, de reflexiones intensas, de lágrimas y risas junto a aquellos que me acompañaron -y me siguen acompañando- en este transitar. Mi alma hace mucho tiempo hizo las paces con la Soledad pero, cuando puede elegir, siempre prefiere la buena compañía aderezada de sinceridad, buena comida, vino y locuras. 

La lógica emocional, mi Blue Moon y mi lado más noble suelen ganarle la batalla a mi excesiva racionalidad pragmática. Esta travesura infantil de mi carácter risueño me lleva, naturalmente, a "perder el tiempo" invirtiendo en felicidad (cabe destacar que no estoy perdiendo nada, lo elevo a una potencia inalcanzable para el método riguroso). Así, pues, es mucho más común encontrarme escribiendo divagaciones e impresiones, saludando a viejos amigos, profundizando en anécdotas y reflexiones o, simplemente, contemplando la Luna, el paisaje (a veces, emocional) y la sonrisa de alguien especial.

Me nutro de aspiraciones y datos curiosos. No reparo en dedicarle tiempo a un montón de cosas que pasan desapercibidas y desencajan porque, por el ajetreo de la vida, parecen menos urgentes o habituales. Me dedico a capturar impresiones absurdas para hallar los detalles únicos en algo, aparentemente, normal. Del mismo modo, aprendo de las tonterías y cazo sorpresas; o, en su defecto, las detono porque sí, por pasión. 

No puedo hacer nada más que declararme culpable de amanecer solo para tocar fondo en un mar de reflexiones o, por el contrario, en un mar de chistes privados y confesiones entre noctámbulos. Mis noches pueden ser la cuna que arrulle las ideas más descabelladas o más ingeniosas que pueda producir mi cinismo o mi inexplorada genialidad. Quizá algún día me convenza de que las arrugas serán, como las cicatrices, las mejores marcas de vida para contar historias que valgan la pena. O, quizá, me limite a vivir sin preocuparme tanto por los estragos del tiempo; una nunca sabe cuando la genética te hará el favorcito de mantener la lozanía de tu piel (sobre todo, después de tantos malabares y rituales de belleza). 

Lo cierto es que no voy a limitarme por esos males que me esperan; me permitiré vivir ondeando la bandera de una juventud fervientemente soñadora. Seré rebelde ante mis propias sombras aburridas y meditaré, entre carcajadas y charlas informales, para lograr entender mejor al mundo mientras me conozco más a mí misma. Toda la vida seré amante de los misterios: no voy a privarme de indagar en torno a aquellos que se ocultan en mi fuero interno. Y, dicho sea de paso, no desperdiciaré la ocasión para hacer el ridículo... siempre fiel a mi estilo, vistiendo el mejor traje de glamour, espontaneidad y elegancia.

jueves, 8 de agosto de 2013

Anotación breve Nº 4

Yo no sueño con príncipes azules, ni con el héroe épico. El ideal se transforma, cada cierto tiempo, hasta amoldarse a las circunstancias de la realidad y a las ansias de mi imaginación. Yo no sueño con historias de color rosa. Pero si me permiten ponerme sensata yo lo que quiero es un amor de esos que nadie termine de entender cómo funciona, pero que pique y  se extienda. Uno que me haga libre y leal por valor y elección. Un tipo que venga y represente el final de los finales, es decir, lo que realmente está después de tantos túneles y caminos, el amor que realmente mata, con el que dices "aquí me planto". Ese amor del que una sentencia que "después de ti, otra vez tú".
Y esa convicción es la que me hace querer intensamente a aquellos que se atrevan, valientemente, a quedarse a pasear conmigo. Sin prisas, ni desesperación. La meta solo hará que cada viaje valga la pena. Y en cada idilio procuraré solo seguir el paso que nos marque el corazón mientras pienso que quizá (no) seas tú. It's a personal promise.

Anotación breve Nº 3

Se duda del amor porque, en algún tiempo de crisis, pretendía huir e intentar decir adiós. Como si el amor tuviese culpa de esa forma de ser. Pero, a decir verdad, en esa tonta competencia de quién amó más... quizá siempre va a ganar aquella persona que quiso quedarse hasta el final aunque ya no hubiesen razones. Esa misma persona que tú, que te auto-proclamas ganador, dejaste ir.
Esta anotación culposa pululaba en mi mente hasta fluir entre los dedos. Culposa porque aprendí muy bien que al hablar de amor no hay competencias. Pero escuchando Violet Hill recordé la pregunta compleja que me hizo pasar la página y saber que eras otro final y no "el final de los finales": If you love me, why'd you let me go?

domingo, 4 de agosto de 2013

Hey, gentleman

Déjame decirte que tu timing es perfecto, por más que yo trate de acelerar el ritmo tú siempre llegarás primero. Y ahí vas a estar impecable, sereno, concentrado en las letras y dispuesto a hablar. Tu presencia, de lejos, ya resulta encantadora. Te distingo de reojo y la gente de la estación se empieza a desvanecer y también el reloj. 

Respiro a gusto, dejo que marques el tempo y quiero poner el swing. Nos entendemos bien, caminamos al compás de la conversación y nos echamos a reír de todo, dado que ahora cualquier ocasión es buena para eso. Te confieso que me avergüenzo de mi torpeza cada vez que te rozo, sin querer, pero cada vez que me tocas para guiarme entre el bullicio, yo suspiro como boba ante tal sutileza. Disculpa si dejo de navegar en tu mirada para fijar mi vista en puntos indeterminados del vagón, de la calle o del infinito... aún es difícil para mí manejar mi capacidad de hablar con coherencia entre nuestras divagaciones. 

Ya ves. Ahora el tiempo es eso que pasa, vertiginosamente, mientras me endulzas y me cuentas historias... si supieras que podría -y me muero por- escucharte un día y una noche entera, seguro quisieras aventurarte a soñar y a dejar que te lleve al lugar más elevado de la existencia. Me sorprende cómo, sin querer, vamos tejiendo una red de tonterías, confesiones y chistes internos, sin caer en la confianza excesiva. Me place saber que te cuesta despedirte tanto como a mí después de un día tan cómodo. Por ello, en tus ausencias irremediables pretendo hallarte, así sea por un instante, porque es exquisito saber que ahí estás y que, además, quieres estar... una, dos y tres veces más. 

Eres un misterio andante. Eres el stop para estas ansias de andar tan deprisa y haces que ahora lo mejor de vivir sea encontrarme en las cosas que encuentro en ti... contigo... por ti... Como esos despistes que siempre vienen acompañados de chocolate y, tus nervios, con mi risa. Nunca nadie había hecho que mis "no" inoportunos fuesen abatidos por tus ganas de deberme momentos (y cumplirlos cabalmente). Junto al olor a libros viejos, tú vas por ahí inventándome dudas y regalándome toda tu paciencia. Sin presiones, sin urgencias, sin estrategias ni silencios incómodos.

Te aseguro que si te sueltas, yo nos pongo un buen jazz, un rock n' roll y hasta una salsa o un ska. Que si me dejas, nos vamos a comer el mundo en dos platos. Que si te quedas, te devolveré completito ese tiempo de felicidad que ya das por "perdido". Que si te atreves, there will be no more goodbyes.

La chispa del viajero

Seamos turistas que, como ciudadanos del mundo, ejercitamos el alma paseando por la ciudad de siempre con los ojos bien abiertos, los hombros más relajados de lo normal, una actitud alegre y despierta y una disposición a sorprender y ser sorprendido. Todo turista respeta las normas, pregunta demasiado, inventa torpemente y se queda asombrado cada vez que asimila lo más sabroso de la idiosincrasia de los nativos. También se horroriza y aprende por ensayo y error, sin que caiga en la imprudencia. 

Un turista come helados en una plaza, fotografía a los artesanos y a los viejos jugando dominó, come en cualquier lugar curioso que le "recomendaron", camina hasta que le duelen los pies sin inmutarse del tráfico y recorre el casco histórico con cuidado. Un buen turista está dispuesto a dejarse llevar y perderse un poquito, tiene límites flexibles y ganas de aprender. También se enamora de los paisajes que diariamente descartamos y se sienta a escuchar, atentamente, al prodigioso músico se esquina; se detiene en un semáforo y sonríe imaginando su nuevo destino. Un turista se aventura, con menor o mayor intensidad, por la selva de concreto que el tedio siempre nos hace odiar y, ante cualquier adversidad, siempre resuelve convencido que "ya que estamos aquí, hay que disfrutar".

Es que... sí... Caracas exige que la recorramos con buena cara, al menos una vez al mes. El asfalto "parapetado", las aceras con su hedor, los lugares con su bulla y los semáforos siempre abusados piden ciudadanos, no muchedumbre. La ciudad quiere deseo puro en las pisadas, personas curiosas que indaguen sus misterios y la pinten, con la mirada, de colores bellos... sin tintes políticos que la ensucien. Quizá solo necesita que sus caraqueños sean más sensibles, menos indiferentes... que se vistan con un espíritu de turista aventurero. La antiquísima capital pide la paciencia y la nobleza de aquellos que gustan de disfrutar de la magia oculta en la materia.
Caracas, ciudad de la anomia, del caos y de la furia; rincón de inspiración, de historias de asfalto y escaleras al cielo. Ciudad de contrastes: cuna del miedo y del ingenio. Quiero recorrerte sin frenos, beberte a sorbos de café y ver tu esencia en esos lugares en los que nadie ya se fija; quiero llenarme de tus explosivas experiencias sensoriales y sentarme a mirarte para entenderte un poco más. Tú, tan llena de pequeños Calvarios y de gente que vaga lejana, sigues sufriendo, a merced de tus ocupados e irresponsables hijos, una menopausia temprana...

jueves, 25 de julio de 2013

Comodidad

El pasar del tiempo, las circunstancias y las experiencias vividas modifican constantemente nuestras perspectivas y conceptos en torno a la felicidad, la perfección, el sentido de las cosas...

La decadencia hoy es una historia de cuento inspirada en un café parisino de los años 20, cargado de romances entre cortesanos, escritores bohemios, cazafortunas y borrachos impertinentes pero felices de pertenecer a la dulce locura. La decadencia hoy puede ser satén puro y al rojo vivo, humo y ruido de carros a toda velocidad, música estridente y sonido de botellas, besos compartidos y fantasías, arte y gritos sublimes de rebeldía. Puede ser tomarse más de un té con El Sombrerero y Alicia.

¿Y mañana qué? La decadencia será el despojo sano, el recuerdo de la risa, el mirar el reflejo de las ojeras malvas en el fondo de una copa de vino, los porqués y el tinnitus incesante, la charla filosófica y el sentimentalismo cómplice, la resolución de cada amorío, deshojar margaritas a carcajadas, olvidar el tamaño del hueco en la almohada o la cantidad de arrugas que guardaban las sábanas, una canción de Calamaro y otra de Sabina, bailar un bolero en la Plaza Bolívar... Disfrutar del paisaje hasta enamorarse del mejor encuadre.

Entre idas y venidas, todo se irá reinventando y nos iremos encontrando. No hace falta proponérnoslo, solo hay que dejar que las cosas fluyan y los deseos se cumplan... al menos por esta vez. Hay que rescatar lo bueno, desechar lo que ya no hace falta y entender cómo los procesos siguen su ciclo naturalmente. Últimamente lo que solía ser cómodo, molesta; por lo tanto, hay que cambiar la búsqueda. Y es posible apuntar hacia aquel norte que la brújula de la memoria dejó de mirar. Ahora lo que siempre fue un sueño o una tonta y cursi idea se convierte en algo posible. No obstante, lo racional te impide volar sin protección mas no puede quitarte ya la ilusión en su estado puro porque todo está cada vez más distante de la rutina y de la estrategia firme.

Yo, ahora, preparo un bolso para viajar por la ciudad que se esconde detrás de sus ojos. Lo lleno de un montón de temas que ya a nadie le interesan, sutil timidez, tontas aventuras y silencios con sonrisas que intriguen. Me recargo de una vitalidad basada en la locura y la espontaneidad casi perdida, en lo casual, en lo más honesto. No me importa tanto la ruta que tome el viaje puesto que ya confirmé que el asunto venía con buen humor, toneladas de libros, conversación fluida y una comodidad que vale oro.

Perdónenme, queridos, Dënver lo dice menos formal y enrevesado que yo: "Contigo no necesito esconder mi pasión por las estrellas, si a ti también te gustan las cosas que a nadie le interesan".

jueves, 11 de julio de 2013

De repente

Cuando uno menos se lo espera uno amanece con una sonrisa de oreja a oreja, con el corazón galopando hacia el horizonte y rodeado de un aura de buena vibra. El despertador ya no es infernal y el ringtone crea una experiencia religiosa similar a la de un canto gregoriano. Dormir vuelve a ser sinónimo de descansar y recuerdas lo rico que es explorar las inclinaciones de la temporada: el afán por la adrenalina, las burlas inocentes, descubrir nuevos oasis en la gran ciudad, el café bien cargado y los dulces de verdad... 

Es agradable darte cuenta que, después de la tormenta, uno aprende a reinterpretar y gozar de lo que realmente nos mueve en el interior. El tiempo se esfuma, como el humo entre tus dedos y los silencios entre tus labios casi sellados, y lo que no se cuida se borra como las figuras de arena en la orilla del mar. Todo se transforma: antes la eternidad era gran sueño y ahora se resume al instante en que aquellos ojos se posan sobre los míos, con sutil formalidad, mientras me hablan. 

Los errores pueden ser, en realidad, oportunidades únicas. La brevedad, las causas o las implicaciones de cada invento no son suficientes para indicarnos que nos estamos equivocando. ¿Y si nos equivocamos qué? Si el momento ilusiona, hechiza y fascina... si hay magia, dulzura y locura... ¡Qué importa lo efímero! ¡Qué importa el azar! Mientras algo encienda la chispa que nos hace avanzar, ese algo será el faro, la meta y el mejor lugar. Porque hoy, después de varios años, aún lo sigo dando todo por una sonrisa. Y si es cuestión de vivir y experimentar, es justo y necesario hacer que valga la pena.

De repente recibo gustosa la miel más dulce que han puesto en mis labios porque ahora las resistencias son vanas y la duda es innecesaria. De repente me siento contenta y ligera, como pompa de jabón o como ola suave. Me siento capaz de darlo todo (sin tener que responder a ningún porqué) por un gesto, por un beso, por un suspiro de esos que vienen y se van. De repente la luz tenue alcanza para dos o más... ¡y qué importa! ... si el camino es largo y ahora es que me sobra rock n' roll para la posteridad.

Quizá solo necesitaba toda esta simplicidad.

domingo, 7 de julio de 2013

El mejor antojo... o el acertado accidente...

Quiero tiramisú. Ese dulce lleno de licor de café, ese antojo perenne que no puedo evitar ni sustituir ni con el más exquisito fondue de chocolate. Así te vas colando en mi vida y vas convirtiéndote en el caprichito ideal de cada uno de mis sentidos, incluso del sexto de ellos, incluso de mi mente con toda su imaginación. Un caprichito con alas y sueños en cafés bohemios, de literatura y miradas profundas, de nubes esponjosas por la mañana y sonrisas que, rompiendo toda timidez, se sueltan hasta convertirse en carcajadas. Qué dulce tentación.

No sé nada de ti, ni qué hay detrás de tu voz grave, de tu parsimonia y de tu cuidada actitud. No conozco tus trampas, ni puedo adivinar tus defectos. Ni siquiera comprendo la naturaleza de este súbito enamoramiento. Sospecho, vagamente, que tu alma risueña tiene un magnetismo profundo que conduce a mi espíritu libre. Yo ya sabía que enamorarme no es cosa difícil, mas contigo pienso que no es el típico gustillo curioso, ni la adrenalina por morirme en otros labios, ni los dados alentándome al despecho, no es el deseo vago de encontrarte en todos lados. De hecho, esa sombra que me hace delirar está comenzando tenuamente a tener tu forma, tus maneras y tu timbre... Tus cualidades más evidentes, tu fachada prudente, tu aire seductoramente intelectual. Esa sombra que antes intentó calzar en otra piel ahora se transforma y te ilumina: celeste, honesto y pintoresco.  

Mi mayor anhelo, cuando dejo de lado el afán aventurero, es conocerte y dejar que quieras conocerme. Quizá, después de todo, solo seas la excusa perfecta para encender la antorcha. O, quizá, seas una grata oportunidad. No pretendo ir a buscarte porque podemos ir despacio y encontrarnos.

De momento, sin ningún lazo entre nosotros, puedo agradecer que aparecieses para llenar de claridad ciertas oscuridades absurdas de mi vida, para detonar mis impulsos de locura y por darme palabras, imágenes y gestos para pensar. Porque todo aquel que dispare mi facultad de soñar se gana mi cariño. Y vos, pseudo-Mr. Darcy, eres el tiramisú de hoy, el rock n' roll de anoche y la sonrisa amplia, bonita y brillante de siempre.

Quiero tiramisú con todo y su metáfora lingüística del "hazme feliz". No por ti, sino por mí...

Sos el paisaje más soñado.


martes, 25 de junio de 2013

Otro final

Creí... hasta que llegó ese final del que todos tenemos conciencia. Regalé hasta el último suspiro vital de una fe estirada y arruinada por los estragos del tiempo de ausencia, de silencios y dura reflexión. Llegué al límite de lo emocionalmente soportable, lo rebasé sin temores y, con temple, decidí fijar un nuevo punto de partida. Lo justifiqué todo y, también, desdeñé. Pero, indistintamente, de lo que hice o no llegué a hacer... La verdad es que no valía la pena seguir sosteniendo ramas que ya no se quieren (ni pueden) sostener.

Esperé una eternidad y la mitad de otra más. Por las noches, la resignación me adormilaba y los sueños se apoderaban de mi raciocinio para que, al despertar, creyese que cada día podía, quizá, tal vez, no sé, ser el punto de quiebre del stand by. El giro absoluto y favorable que cambiase los "humores" de esta marea. 

Acepté que este era un final y no "el final de los finales". Me tragué el orgullo, apuñalé a la indiferencia y alejé de mí tanta negación. Me liberé a mí misma de ese yo que quería izar la bandera de la ensoñación. Por un momento, dejé que las realidades pesadas guiasen mis acciones. Aunque te juro, Principito, nunca perdí de vista lo esencial ni me enamoré -excesivamente- de números y asuntos insulsos.

Recordé que aún debía respetar mi propia posición y los derechos que esta conlleva. Asumí dignamente mis errores y esa franca conciencia de que pude hacer un poquito más. Del mismo modo, coloqué todo en una balanza justa para que no me costase tanto asimilar que no siempre llueve a gusto de todos, que hay lluvias que a unos les brindan abundancia mientras que a otros, solo fríos y húmedos vacíos. Me aproximé, sin obstáculos emocionales, a la idea -casi tangible- de que no todo el mundo está dispuesto a dar 100% porque existen circunstancias que lo impiden. O excusas que lentamente se adhieren a la realidad.

Amé hasta donde los amores propios me permitieron llegar. Aseguro que no hay manchas de alquitrán ni tampoco rastros de cualquier veneno producido por corazones oxidados, ilusiones rotas o soledades pérfidas. Sin embargo, no hay ánimos de excesivas cortesías y gratitudes. El resumen viene sin rencor pero sin adulaciones. Con cariño pero sin devoción.

Llené varias cajas para guardarlas, en profundidades accesibles, para acostumbrarme a diferenciar las malas y trágicas rupturas (las que debemos olvidar) con los pactos de disolución amable. A identificar los cinismos que hay que comprender (por salud) y las frialdades que hay que establecer con estoicismo y sonrisas de honestidad (porque sonreír de alivio, a veces, no es maldad).

Y ahora, dejando todo atrás, estoy convencida de que viví intensamente porque morí por alguien, tantas veces y en distintas maneras, y ese placer romántico a nada alcanza. Aprendí que no basta recibir menos por tanto tiempo y que, en la vida, la comparación más adecuada es íntima: "lo que soy vs. lo que puedo ser" y no entre jugadores; este juego es de ganar-ganar y de perder con la perdición del otro. Balance sí, competencia no.

Cerraré la puerta sin hacer ruido. Anhelaré que en su lado siempre haya mil faroles de luz encendidos. Mientras tanto seguiré a mi buen ritmo, sin cuestionarme por qué las transformaciones pueden ser tan veloces y definitivas o por qué ser feliz es una actitud motivada por detalles sencillos y momentos inesperados.

Después de este final, vendrán otros finales de distinta naturaleza. Estamos hechos de constantes "ir y venir", de huellas en la arena y marcas en tinta imborrable. Por ahora sé decir orgullosamente que, después de cada final, vendrán múltiples comienzos capaces de agitar, pura y salvajemente, las ansias que detonan en el corazón.

En algún lugar te dejaste el coraje y el sueño, en algún espacio de tiempo firmaste la renuncia. Como águila emprendiste un vuelo para no regresar, sin ningún aviso honesto ni respetuosos consuelos. Esto no se acababa hasta que cantase la gorda pero la tuya, particularmente, se quedó muda ante el acto final. Nunca el fuego se había congelado tan pronto, nunca una mirada había sido tan esquiva, ni un dulce recuerdo tan renuente. Sin despedidas, sin preguntas, sin nada que decir. Un trámite, un instante de tedio, un puñado de silencios de los que no son buenos. Es cierto lo que dicen: el que más ama termina perdiendo, yo no lo dudo, pero en mi caso me toca perder ganando. Es lo mínimo que merezco.

sábado, 30 de marzo de 2013

Anotación breve Nº 2

Porque contigo el amor no es una necesidad, a tu lado amar es una elección. "¿Por qué estás tan contenta hoy?" "Porque volví a sentir nervios de verte... como la primera vez".
Cariño, yo creo en ti.

Sálvese quien pueda

Nuestra mente (en ese "discurrir de pensamientos") se va encargando de darle a esa masa animal de fluidos algún sentido coherente. Se impone la tradición y comenzamos a crear puentes basados en los sentimientos y la espiritualidad con el resto de individuos, elementos y territorios. Nos enamoramos de los semejantes, de lo que obtenemos, del suelo que pisamos y de las ideas que vamos creando. Ahora somos una secuencia de andares y cantares, de síntomas y reacciones.

Vamos, con un manojo de dudas, a pescar al mar de las opiniones en un mundo donde jamás llueve a gusto de todos y donde SIEMPRE habrá alguien que te va a criticar. Nos inventamos, también, por supuesto, qué significa y qué debe hacernos sentir el arte mundano (pero mañoso) de la crítica. La "verdad" es una torta de la cual todo el mundo toma un trozo y la saborea de manera distinta. Vivimos en el "sírvase como guste y mientras pueda".

Los extremos y radicalismos nos ofrecen las vistas más cómodas a un costo elevado: entregar la conciencia individual y del otro. Entonces, nos acostumbramos a dar pasos estruendosos mientras gritamos hasta liquidar el aire. No importa la sustancia o el fin de lo que digamos. Entendemos que los alaridos tienen una cuota de poder para herir o reafirmarnos como superiores. Mezclamos ideas y abusamos del concepto de libertad... porque, obviamente, tiene que ser la definición más moldeable (siempre nos debe favorecer o estaríamos cometiendo un acto de estupidez).

Y lejos de todo este panorama, está el respeto. El que es juez y parte de todo. La teoría de la tradición nos dice que el respeto viene con el sentido común, ese que -irónicamente- cada vez es más y más raro de hallar en la gente. Así, pues, la defensa por el respeto adquiere el nombre de justicia y los que verdaderamente la buscan asumen tareas difíciles entre caminos sinuosos y (casi)tortuosos.

En ese bando somos el residuo del cansancio y la impotencia. Buscamos controlarnos para no perder lo que hemos logrado pero la paciencia es un recurso limitado. Hay que usar un cuentagotas para resistir y no caer en el mismo juego de invalidar opiniones al olvidar el respeto. Sin embargo, después de tantos síntomas no podemos evitar una reacción: Cuando el silencioso alza la voz es porque sabe exactamente qué decir. Cuando el pacífico rompe su rutina elegante y agita su verbo, quizá uno pueda decir que "se alborotó el avispero".

Como intérpretes en varios escenarios, las acciones van a indicar quienes somos, de qué estamos hechos y adónde vamos. Despotricar de nuestras raíces, desconocer nuestro suelo, escupir con intransigencia esas cosas que se construyen con intenciones positivas, desdeñar del alma buena de los otros y reducir una lucha a la categoría de "nada" nos dibuja a alguien desagradable, de esos que repelen las buenas energías y atraen al Karma. No hay ni bien ni mal, pero todo pierde validez en la ausencia del respeto, en las faldas de la ofensa y en las sombras de la inconsciencia. Es triste mirar alrededor y ver tantas marionetas del odio. Esa es la miseria de la humanidad.

De repente, solo hay sangre fluyendo a ritmo acelerado, piel salada, tensión ocular... la masa animal a veces domina... vence el cansancio, se pierde algo de fe...

jueves, 28 de marzo de 2013

Anotación breve Nº 1

Los hombres, a pesar de su ocasional torpeza e inconstancia, tienen madera para ser héroes auténticos. Mientras que nosotras somos capaces de ofrecer un abanico de posibilidades casi infinito, ellos son hábiles para hacer realidad cada una de ellas.
Juguemos a fusionar los roles. Si está en nuestras manos, ¿por qué no dar un poco más? Hay que construir cosas en las que podamos creer después.

Be my hero. Just for one life.

Pierdes con mi perdición

Es inevitable no recitar ciertos versos conteniendo el guarapo o, en su defecto, los pies. No se puede controlar a una mente que divaga entre sus verdades dichas a rajatabla. Eso es tener valor en la pluma.

Te observo en distintas perspectivas. Intento catarte con todos los sentidos, recrearte en la mente de las mil maneras posibles, calcar tu silueta en mi piel, distinguir tus habilidosas maneras de sorprenderme. No te entiendo. Y eso me gusta. Creo que si pretendo entender a las personas, más miserable se vuelve. Soy partidaria de las aproximaciones y la comprensión. Se necesita menos análisis y más aceptación. 

Lo eres todo. Mantenerte en esa ambiciosa posición no es cosa fácil porque es más sencillo desvirtuarse y pensar mal. Lo rudo es pregonar y crear un balance adecuado que mezcle amor profundo y tierno con amor instintivo, amistad reconfortante con amistad delirante, compañía agradable con soledad imprescindible. Todo en su medida justa y con su chispa adecuada puede funcionar perfectamente. A veces a la mente débil se le antoja tirar la toalla y aventarse a vivir algo más "normal". Gracias a Dios y a todas las fuerzas sobrenaturales por permitir que ese pensamiento no dure más que unos segundos y se esfume rápidamente entre el aire de mi risa cuando establece puentes con la tuya.

Tenemos un duelo donde escogimos ser aliados y no enemigos. Decidimos cambiar los esquemas y romper diariamente con casi todo lo que está pre-establecido. Ahora los códigos son siempre distintos porque cambiamos las respuestas a las preguntas. La única certeza es que seremos acompañantes hasta el final.

Así, pues, en este desafío de vida, ganar nos hace a ambos vencedores y la perdición nos arroparía por partes iguales. ¿Sabremos perder? ¿Aprenderemos a ganar sin restar? No lo sé. Quizá.

De momento,  me gusta ser cursi y  pensar que "después de ti, otra vez tú".

lunes, 18 de marzo de 2013

Instantes que calan

Las miradas casuales anuncian historias fugaces. De esas que dejan un buen sabor en los labios y buenos recuerdos en la memoria. Quizá, también, una invitación para disfrutar de nuevas impresiones o un trozo de cuerda para la curiosidad. No todas esas miradas son importantes; la mayoría son banales. Mas la brevedad  del contacto entre pupilas no limita su intensidad ni oculta la cantidad de palabras que, con evidente timidez, conforman sus subtextos.

No me atrevería a ignorar la fuerza de aquel encuentro entre sus ojos y mis ojos, ni la forma en que el respeto le servía de escudo para no responder a mis sonrisas anchas. Su cortesía era directamente proporcional a mi coqueta fascinación. Mientras que él buscaba, cabizbajo, un foco distante, yo buscaba sostener una conversación clavada en sus pupilas. Podría sugerir varios temas sencillos: la música, el lugar, el vino. Siempre sutil para intimidar sin ponerme en evidencia.

Su voz era grave y correspondía a sus gruesas facciones y al aire de actor elegante que idealicé mirando su traje perfectamente planchado. Pero jamás la escuché alta y fuerte. Sus monosílabos eran susurros de vergüenza que se colaban mientras llenaba los vasos. Sin embargo, él era mucho más valiente en la distancia prudente. Y escogía el ángulo más adecuado para no perderse los detalles y registrar cada momento. Presentía su osadía y, al girarme, su mirada renuente se volvía a perder en el suelo, en las bandejas, en los árboles, en el cielo...

A ratos pensaba en qué hacer para que personalmente me indicase su nombre. Porque cuando uno se presenta a los demás siempre le regala una sonrisa de portada. Es el instante de mayor charming en sociedad, es la primera impresión de muchos. Así, pues, me hubiese llevado el mejor recuerdo de todos. Ahora, en su irremediable ausencia, me pongo a pensar en las mil maneras infalibles de empezar un diálogo interminable. Sabía -desde el inicio de aquel juego inocente de miradas- que no nos volveríamos a ver. Encontrarnos de nuevo sería la más demente de todas las casualidades. Me haría creer en los golpes de la suerte... no sé si de la buena o de la mala.

Hay miradas que se quedan en impresiones sin desenlaces. Que, si conjugan sensaciones emocionantes, pueden llegar a ser difíciles de olvidar. Incluso se graban en la mente, como los olores y las texturas, por varios días. Para que cuando queramos sumergirnos en lo archivado, por el placer de aferrarse a las (im)posibilidades, podamos volver a vivirlas.

Ha sido un placer no haberte conocido.

viernes, 15 de marzo de 2013

Pero hoy, no

Hoy es uno de esos días, como muchos otros, que está simplemente bien. De esos en los que no piensas ansiosamente en el mañana. Y sí, afuera el mundo se revienta por el circo mediático de fantoches. Hay un terremoto dividiendo esta ciudad en dos. Muchas sombras alrededor y un silencio que solo se ve interrumpido por los ruidosos motores de motorizados desafiantes. Esta ciudad, mi ciudad, cada vez está más oxidada, más llena de furia, de noches sin bonitas lunas. Y minuto tras minuto se hace más profunda la distancia entre los unos y los otros. No somos inmunes: En el abismo de tus ojos ya no sé si se pueda tocar fondo. Seguir las huellas de tus pasos no es una opción.

Nos perdemos... Y huir, a veces, es también una forma de luchar...

De repente, las cosas que antes importaban están perdiendo peso. Todo, lentamente, empieza a caer. Como se transforma el hielo en agua, así va. Lo muerto vuelve a renacer en "forma" de aire. ¿Y lo que queda? Paz, claridad y ganas de darlo todo por este suelo. También hay mucho de amor que, tan salvaje como bohemio, constituye un alma pirata y un corazón de gitano. El barco está empezando a zarpar, señor.

Les recomiendo escuchar esto. Es brutal y habla por mí: http://grooveshark.com/#!/album/Bestia/3588585

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
JULIO CORTÁZAR

martes, 12 de marzo de 2013

Esta es la historia

Alguien solitario y difícil de entender. Está lleno de cualidades, con un corazón jodidamente hermoso pero la vida siempre lo ha jodido. Va de guapo por el mundo pero, en la intimidad, tiene mil inseguridades. Una caraja le pide entrar a su vida para decirle "la vida es bella". Se lo hace creer. Pelean, es un peo. Pero es perfecto. De repente lo quiere compartir todo con ella. Para que ella pueda entenderlo cada vez un poco más. Ella lo acepta. Le gusta él. Le gusta entenderlo. Es uno de sus retos favoritos. A él le van encantando sus ojos y esa sonrisa inocente que dice "todo va a estar bien". A veces lo cree de verdad.

De repente, él se despertó un día y se dio cuenta que es su mejor amiga, el amor de su vida y treinta mil títulos. Él mismo lo provocó... por amor. Él mismo se cerró en ella. A que todo le gustase más con ella. Y no es que esté mal pero todo puede tornarse negativo si uno cambia sin darse cuenta nunca. Cambiar es bueno pero, antes o después, tienes que estar consciente de los cambios.

Tenía claustrofobia. Súbitamente, quiso volver un poco atrás. A hacer las cosas de antes. Porque, además, el tiempo lo fue llenando de mil amarguras y ella las sostuvo pero nunca las pudo reparar: Se necesita voluntad de dos. Tanta evasión a eso le nubló los pensamientos sobre ella. Quizá se cuestionó todo. Y ahora quiere saber si la puede seguir amando sin dejar de ser él mismo. Si puede volver a escribir, a ser más simpático, a hacer mil cosas a la vez organizadamente, quitarse tanta apatía y holgazanería de encima. Pero ella estaba ahí. Lo veía perfecto y le halaba las orejas para que actuara. Su voluntad pesaba más que ellos mismos. Ella luchaba por él y, en ocasiones, luchaba por los dos. Pesaba más. Ya pesaba una cantidad cercana al infinito.

La culpó. La culpa siempre la va a tener alguien más en primera instancia. La culpa tenía que ser de ella. No hay de otra. Total, ella se metió en su vida y lo enamoró así. Desde entonces, fue cediendo para bien o para mal. Se acordaba ingenuamente de viejos amigos y viejos hobbies. La veía y era pura niebla. La culpó otra vez por el simple hecho de estar ahí. Aunque no se imaginaba ni por un minuto que ella no estuviese justo a su lado (en la dulce metáfora de la cercanía). Pero estaba en una caja de cristal. Con todos sus fantasmas dentro.

Una vez más, ella lo volvió a entender. Sin caer en sus histerias ocasionales, sin halar orejas, sin buscar nada, sin demandar -cual pajarillo herido- volver a sentirse especial en ese acuerdo bilateral y armonioso que era quererse con el alma. Él, ahora, estaba confundido porque ella era de esas que nunca se callaba. Quizá se dio cuenta, finalmente, que ella dejó de decir cosas por respeto. La quiso culpar -otra vez- pero Pepe Grillo le lanzó la perla "quizá fuiste tú mismo, con tus pensamientos, el que se encerró".

Desde entonces, decidió algo por amor. No quiso ver más la niebla que la cubría. Quiso luchar por sí mismo... porque sus propios fantasmas lo alejaron de él -en su esencia- y de ella, su compañera de guerra. Entendió que ella no tenía tanta culpa. Pero necesitaba despejarse. Para verlo todo claramente. Para así, quizá, volverla a querer como ambos se lo merecen.

Palabras más, palabras menos. Con sus baches y sus cuentos grises no aptos para estar versión de Disney, esta es la historia.

"...and to be continued".

domingo, 10 de marzo de 2013

Te libero

Te libero porque ya yo pasé, en silencio, esa odisea de encuentros y desencantos. Quiero entrecerrar la puerta por respeto a ti y a esta unión de piel con piel (bajo mucha seda). Es nuestra misión salvaguardar el frágil sello. Sé que haremos grandes nudos en este ir y venir de pasos, pasiones y búsquedas internas por eso es hora de caminar solos por un rato. Nos hará bien. Nos hará necesitarnos.

Te libero porque me lastima tener tal potestad cuando profeso y vivo como un alma libre. Quizá así nos logremos entender en este punto. Yo digo "love will set us free" y tú dices "I don't know". Basta. En estos tiempos, flaco, hay que ser sinceros. Yo no bailo con signos de interrogación, ni tú con zapatos prestaos'. Por eso te quiero tanto. 

La vida conmigo no es fácil y menos cuando me enamoro de los enigmas. Necesitas más claridad y guaramos para seguir caminando. Y eso... no lo vas a encontrar en mi boca. Está en ti. Solo en ti.

Y aunque ya no te espero, aquí estaré.

lunes, 4 de marzo de 2013

Take a walk

No es sobre lo que una quiera ser. Es sobre lo que soy y voy a ser en el próximo minuto. No me hables de planes que no vas a cumplir: El que mucho habla, más rápido se fatiga. No me cuentes tu próxima jugada, no quiero saber las historias detrás de un montón de misterios que, por ser la ocasión equivocada, se reducirán a simples trivialidades que anexaré en el archivo de "lo que sé sobre ti".

Caminar. Acción que aprendemos a realizar en nuestra etapa de infantes. Acción que infunde sentimientos dispares, según la ocasión: Tedio, satisfacción, alegría... miedo. Porque implica tomar una decisión en la que participamos activamente. Porque es una de esas acciones que nos hacen salir de nuestra pasiva área de confort.

Caminar. Sin tener la plena seguridad de que cada paso es el correcto pero sabiendo donde terminará nuestro camino. Con determinación. O quizá no. Es difícil decir que caminamos solos: Podemos salir a pasear con los pensamientos. O, también, huir de ellos a través de sonrisas más amigables y tangibles que las de nuestros recuerdos. Mejor descartar los falsos acompañantes: Hagamos de esto un acto casi religioso.

Caminar. Para buscar-nos, para encontrar-te, para olvidar, para anular-me. Cada quién a su manera, pues, no todos compartimos los mismos ritmos o las mismas mañas. Hay atajos que son convenientes para solo un grupo de personas, hay trotamundos que se aficionan a las rutas largas e intrincadas, hay señores que recorren solo la distancia exacta, hay señoritas que no soportan el Sol abrasador y señoras que anhelarían correr como en sus años mozos. Todos somos viajeros y acompañantes. Pisamos con firmeza el asfalto para enfrentar el misterio que envuelve nuestro viaje de regreso, mientras que nos aventuramos a responder las interrogantes diarias sobre qué sucederá hoy.

Caminar. Para entender mis propios límites y dejar que el viento que se cuela entre el bullicio urbano me diga donde voy a parar. Quizá me lleve hasta la estación de metro cercana para dejar que el movimiento me lleve más lejos. O hasta el edificio bonito que siempre quise conocer. O a la primera buena librería que pisé. O al café de la cuadra. O, tal vez, me lleve hasta tu puerta y me deje allí sin nada. Sin nada más que algo de amor, caricias y la melancolía por mis alas rotas. 

Caminar. Para sanar.

Creo que para seguir volando necesito un poco más de ti.

viernes, 8 de febrero de 2013

La única ley: Amar genuinamente

Queda prohibido hablar por hablar: sin sentir, sin pensar. ¿De qué sirve una alegría complaciente si, en el fondo, somos conscientes de que es falsa e inestable? Sí, hay mucho de capricho en nuestra naturaleza. De hecho, todos quisiéramos estar siempre colmados de atenciones como unos bebés consentidos. Mas, no se puede vivir todo el tiempo en esa burbuja impenetrable que esté completamente aislada de la realidad. Hay que pisar tierra (lo cual no significa no poder volar). Hay que mirar a nuestro alrededor y comprender, humildemente, al resto de sujetos que nos rodean sin olvidar que hay semejanzas y, sobre todo, infinitas diferencias.

La falta de sincronía será un problema constante ya que nuestras particularidades crean dinámicas también singulares. A veces los caracteres encajan y se compensan. Pero también, cuando caemos en la profunda intolerancia, podemos sentirnos confundidos, contrariados y enojados. En definitiva, ¿para qué resistirse?Siempre será mejor verlo todo desde la cara más simpática de la moneda: Si el "problema" es constante, ¿por qué no dejamos de entenderlo como un conflicto y le damos la vuelta? Todo es un asunto de perspectivas. La costumbre se hace ley, dicen por ahí, pero ser rebelde y reivindicarse es mucho más práctico (si se lleva bien, claro está). 

No se trata de un tema de "excesiva ansias de ser positivo". Simplemente hay que sincerarnos con nosotros mismos y con el resto por un fin más noble. Evitar las engorrosas explicaciones y cambiarlas por amenos intercambios de opiniones para adaptarnos al otro sin cambiar lo que somos. Exigir menos, dar más: Entregar el corazón en cada acción y recibir lo mismo. Que no existan tantos planes, ni reproches, ni decoros. Se trata de no escatimar en gastos y amar completamente mientras dure la motivación de seguir amando. Porque cuando acabe la función solo quedará el placer de haber dado lo mejor de uno mismo y eso es lo que quiero vivir cada día.

Porque quiero reinventarme para representar la mejor versión de mí misma.

Tu amor me hace libre. Me da lo que necesito en la justa medida y, créeme, sé que no es poco. Me da expectativas pero, al mismo tiempo, calma mi sed. Me da seguridad y, algunas veces, me sabe vencer. Tu amor es un reto constante que me invita a luchar conmigo misma y con tus demonios también. Suma a tu amor el mío, a tu independencia mi serena compañía, a tu paz mi energía. Suma y, luego, ocupa con tu *presencia* todo espacio.

viernes, 1 de febrero de 2013

Espacios en blanco

No existen páginas en blanco en el libro del destino. Pero duelen tanto los trazos afincados de la pluma  aunque, en realidad, hieren mucho más los espacios que vas dejando sin rellenar. Los puntos suspensivos. Las divagaciones escritas en tinta mezclada con lágrimas y suspiros. Las discusiones bizantinas. 

Tengo una gama de estados y emociones para escoger y armar a gusto, como si se tratase de un rompecabezas. El mayor dilema es no saber cuál responde honestamente a cada "¿cómo estás?". La peor manía es la de mentir siempre y padecer hemorragias internas ocultas bajo una simpática sonrisa. 

El verdadero problema sale a flote cuando entendemos que son nuestros propios sentimientos los que nos ahogan y asfixian. La feliz condena se resume en ser infinitamente capaz de amar, desde la más noble sensibilidad. Ojalá existiese un manual para los eternos errantes emocionales (alias los malintensos malpegaos'). 

Necesito luz. Aquella que nace en lo más profundo de ti. 

¿O es solo un pálido reflejo?


P.D.: "La vida eterna solo dura un rato y es lo que tengo para estar contigo".


miércoles, 30 de enero de 2013

Cuando quiero escribirte, no escribo

No lo notas. Y no sé si frustrarme o festejar. Tampoco sé si mi conocimiento alcanza a tus ideas más internas. Si debo asumir que el margen de error es reducido o creer que es realmente amplio...

Hay tanto que quiero escribir(te) pero siempre me falta algo. Siempre hay un pero. Y cuando pienso mucho en ello creo que a ti te da igual porque seguro habrá algo más interesante para apreciar que unas palabras "repetitivas" (aunque me invente nuevas). Luego pienso que no puedo callarme, que me vale si lo quieres o no, porque es mi voluntad y no la voy a desechar. Después cometo el pecado de esperar algo: una reacción o una respuesta. Soy el perfecto ser humano que se cae a piña con la misma piedra, tresmilveces.

A veces lo asumo con naturalidad y dedicarte mis vanas construcciones lingüísticas son mi mayor deleite semanal. Aunque las releo tanto que termino odiándolas. Nunca es fácil hablar bonito sin caer en lo cursi o lo trillado; tampoco es sencillo describir lo que parece imposible de definir. O eres demasiado vago en la explicación o dejas a un lado la mitad de los puntos porque ya llevas dos folios en letra pequeña.

También me pasa que se me ocurre leer a Benedetti, Neruda, Sabina u otros más de mi combo de genios (cantantes, filósofos, escritores, sabios de barrio y autores baratos que la pegaron solo una vez en su vida) y termino pensando "este tipo lo escribió para mí". Automática, sin estrategia, voy corriendo a compartirlo.  Me caigo y me raspo las rodillas con la misma piedra y esta se burla de mí "Pana, hoy hablan un idioma distinto. No es el momento".

Entonces, otro día te encanta y aprovechas para sanar mis raspones accidentales con palabras dulces (que, para mi ansiedad, llegan tarde). Y vuelvo a empezar a caminar en mi círculo iluso de disparar sentimientos sin sintonizar primero. Hasta que llego a este punto de frustración infinita: te lo quiero dedicar todo (hasta la pelusa con forma ridícula que veo en mi monitor). Te quiero escribir diez folios que nunca aburran y ver, por un huequito, como los lees y sonríes embobado. Porque sé que te debo mil notas y me pesa.

Es solo que no sé cómo romper esa burbuja. No sé cómo hacer que los astros siempre estén sincronizados. O casi siempre. O, al menos, en el momento que así lo precisemos. Bailar a destiempo es un asunto difícil. Y no sé quién está peor: aquel que lo nota e intenta establecer un ritmo claro o aquel que no lo nota (o finje) y, paradójicamente, marca el tiempo, la distancia y el compás.

De repente me encuentro pensando en ti, como si te fuese a hacer una dedicación. Pero...

P.D.: Escuchen a esta mujer. <3

martes, 29 de enero de 2013

Detonantes (myself and I)

Las experiencias nos consolidan, nos permiten ser. Desde la peor vergüenza que pasamos cuando eramos chamos, la alegría del primer amor hasta la frustración del detective que encarnamos cuando leemos nuestra novela favorita. Ellas se recopilan como los sabores, los sonidos, los olores... Aunque es mucho más fácil acceder a las experiencias a través de la memoria, no siempre somos capaces de recrearlas controladamente y, por eso, lloramos desconsoladamente al recordar nuestro mayor fracaso.

Cada quien tiene sus detonantes. Sus puntos claves, sus momentos álgidos. Algo que los haga traspasar los límites de la pasión controlada hasta la explosión absoluta de emociones. Todos hemos sido impulsivos alguna vez hasta el extremo de borrar cualquier vestigio de raciocinio y dejarnos llevar por cualquier cosa que sea capaz de movernos hacia algún lugar.

¿El dónde y el cuándo? Poco importa en ese momento. Si la rabia nos lleva hasta el odio pasivo-agresivo, nos parece bien (al menos por unos instantes, quizá solo segundos). Evidentemente toda esta cuestión de estímulos y detonaciones es súbita y voraz. Cuando se extiende corremos el riesgo de atraer más penas que glorias, más consecuencias negativas que satisfacciones.

Los radicalismos son una ponzoña que nos inyecta una seguridad falsa que, al final, nos desplomará -en el interior- como si hubiésemos bebido grandes cantidades de cafeína tras dos noches en vela.

Allí estaba yo, hecha un manojo de nervios, pensando en todo esto. Tenía los ojos cerrados mas tenía la impresión romántica de que había una luz tenue sobre mi cabeza. También me debatía entre nuevas dudas acordes con el desafío que implica volver a hacer algo.... y hacerlo distinto. 

Todo parecía estar helado. Cada uno de nosotros vivía la ansiedad infinita de acabar esa dulce y pasiva agonía mientras debíamos ejecutar solo movimientos mínimos para respirar. 

Estaba ensimismada en ese encuentro tan íntimo hasta que el ruido se adueñó de todo el espacio: escuchaba la gente entrar a un mercado en época de ofertas, sus risas, sus pasos pesados sobre la madera, sus conversaciones entremezcladas que, poco a poco, dejaban de tener sentido en mi cabeza y pasaban a ser solo frases sueltas y revueltas.

Quería volver al silencio, huir un rato más o qué sé yo. El bullicio me hacía sentir una fuerte presión en mi cabeza que quería aliviar llegando a ese estado de relajación en el cual pierdes noción de tiempo y espacio. Qué peligro separarme tanto. Pero lo deseaba. Incluso creo que pasó... ¿O la ausencia del protocolo me jugó un mindgame?

De repente, se apagaron las luces. Sentí la vibración de mi garganta recorrer todo mi cuerpo rígido. Las luces comenzaban a volver gradualmente sobre nuestras cabezas. La ansiedad se transformó en claustrofobia que no cesó de apabullarme hasta que me liberé de ese capullo infectado de fútiles temores y discordias onerosas.

Activé todos mis detonantes. Cada vez era menos yo, aunque todo venía de mi interior (y de mis experiencias): Es hora de empezar el show.

Una frase: "Y qué placer cuando no hay nada que pueda ver, y solo invento tu sonrisa. Y apago así, toda agonía" de Luis Alberto Spinetta.
Les recomiendo:  La película Silver Linings Playbook.

lunes, 28 de enero de 2013

Licencia para sentir (myself and I)

Las sombras, los sueños pintados con juegos de luces, el lienzo en constante metamorfosis. Eso era más real que cualquier callejón sin salida o estación del metro. Los espectadores, cómplices en la tragicomedia, eran los verdaderos protagonistas. Ellos llevaban la partida de ajedrez y nosotros eramos las piezas vivientes; las serviles y contentas marionetas de un niño. Sin embargo, nadie pertenece a sí mismo ni tampoco pertenece a otro. Somos materia libre a merced del viento que impele hacia oriente. Vamos por el mundo recibiendo más de lo que damos por mera retroalimentación. Cuando nos comunicamos le damos sentido a todo.

Estaba ahí más presente que nunca, rodeada por un aura místico que combinaba pasión con inocencia. Fui siempre honesta y permití que todos los poros de mi cuerpo absorbieran la energía de mi alrededor. Decidí , con determinación masoquista, disfrutar y explotar toda la gama de emociones que sentía al mismo tiempo. Gobernó el instinto guiado por la disciplina hasta que se solaparon todos mis miedos.

Por pequeños instantes mi abstracción fue tan grande que yo dejé de estar rodeada de gente; solo mis pensamientos me acompañaban y se confundían con las voces que parecían ecos distantes. La ficción era tan real como aquello que solemos llamar realidad. Aunque, quizá, lo asombroso es que vivimos un realismo mágico. Este distanciamiento me llevó a acceder a otro nivel de aprehensión y dejé detrás los límites impuestos por tradición: en dos horas creé algo que ahora debía morir, pues, tenía que renacer en su tumba la esperanza que anunciase a un sol mucho más amable.

Y rompí a llorar. Porque fui valiente. Porque sentí demasiado. Porque amé demasiado. Porque entendí que el círculo se completa solo cuando se está en escena.

"Aún hay que hacer más". Gracias por existir, Teatro.

lunes, 7 de enero de 2013

Reinventarse

Mi verbo favorito es creer. Luego, reinventar, amar y crecer.

Últimamente he vivido intensamente todos ellos, quizá otros más. Y se siente tan bien vivir así. Enero llegó cargado con emociones y experiencias que no esperaba; después de mucho tiempo me vuelvo a sorprender. Mi fin de año también fue emotivo, simplemente dije que mis únicas resoluciones para el 2013 serían "sonreír más" y "organizarme mejor". Porque comprendí que lo demás venía solito.

Un par de encontronazos conmigo misma me hicieron darme cuenta que, por pensar tanto las cosas, le he dado mucho terreno a mis inseguridades para que florezcan y me impidan ver con claridad las luces de neón que me dicen "solo confía en ti y ve a por ello". Afortunadamente nunca es tarde para tomar impulso. Asumí que lo más importante para tener paz interior es ser siempre honesto y amable con nosotros mismos; demostrar que nos amamos y que, a través de ello, somos capaces de amar más y mejor. Me percaté que estaba cometiendo el error típico de quien deja de escuchar a su dulce conciencia: repetir consejos sabios sin acoplarlos totalmente.

Me arriesgué. Removí todo obstáculo psicológico para abrirle plenamente el espacio a la actitud genuina y arrolladora que mejor encaja con mi espíritu loco e imparable. Me estoy permitiendo soñar más. Estoy tomando las riendas de mi vida sin limitar mi pasión. Voy por el camino correcto y, aunque tropiece, sentiré que estuvo bien. No existirán fracasos, sino lecciones. Porque me voy a reinventar como nunca antes.

Hoy escribo algo breve. Porque hay tanto sentimiento que el espacio se me hace corto.

Y entre las chispas que le dan energía al motor de mi vida estás tú. Con tu silencio armonioso, tu mirada serena y tu sonrisa de niño. Con tus defectos y virtudes. Con la figura de tu sombra dibujada en el lienzo de mi memoria. Tú, aquel que elijo cada día de mi vida.

domingo, 6 de enero de 2013

Te extraño pero hoy no

"Los días pasan y yo me siento, sin darte un beso, como uno más"

Siempre me ha parecido curiosa la forma tan arrolladora que tienen ciertas canciones o frases para meterse entre ceja y ceja tercamente. Esta mañana mi memoria solo podía recordar los versos de Gilberto Santa Rosa en "Que alguien me diga" mientras pensaba en trivialidades y me reía con los amigos. La canté sin vacilar. Y todavía no se escapa de mi mente.

Está transcurriendo una tarde de domingo profundamente tranquila. Y yo me pierdo entre dos poderosos vicios: comer chocolate y escuchar esas canciones que te transportan a momentos especiales. Me lamento de no estar donde quisiera estar (iba a escribir con quien quisiera estar). Sin embargo, estoy donde debo estar y desde este punto de confort me permito recordar los instantes que me hicieron sentir más viva que nunca.

Los recuerdos, delicados y dulces, se conservan mejor que los pétalos de una flor en un libro. Si nos esforzamos lo suficiente, la memoria evocará cada sensación captada y nos hará estremecer... una vez más. Cada vello de la piel se erizará al imaginar nuevamente los nervios infantiles que llegan con el primer intercambio de miradas que, de forma torpe y esquiva, le confiesan al otro que el corazón nos late más fuerte  y que somos incapaces de ocultar nuestra emoción de agrado. Y sonreiremos recreando la atmósfera del primer beso que dimos por amor y atrevimiento. O, también, sentiremos una chispa de felicidad por las risas compartidas con seres especiales, por los chistes que tontamente nos dieron los mejores momentos.

Recordar lo bueno milimétricamente es un gran ejercicio para la salud y la motivación. Es decirnos "mira lo fácil y sabroso que era ser inmensamente feliz". Es alegría instantánea que invita a continuar con ansias locas nuestra lucha por crear momentos preciosos... dignos de recordar.

Subámosle el volumen a la música. Me olvidaré de extrañar y me concentraré en re-descubrir porque significan tanto para mí.

sábado, 5 de enero de 2013

Fantasmas del sueño

"Haz como el sol que nace cada día, sin pensar en la noche que pasó". 

Me acabo de topar con esta frase que no sé quién escribió ni cuándo; mas lo primero que pensé al leerla fue "me la encontré tarde", pues, anoche necesitaba tener en cuenta un pensamiento de ese estilo. En fin, no voy a ahondar en eso. Últimamente he aprendido a agradecer lo que venga justo cuando viene sin cuestionar tanto las razones o si sucedió en el momento oportuno. El tiempo es un artificio que deberíamos usar siempre a nuestro favor, ya que él solito se encarga de fastidiar.

Ciertamente si me la hubiese encontrado anoche no estuviese escribiendo esto. ¿Por qué? Porque anoche estaba cargada de energías negativas (nocivas para la salud mental). Estaba ligeramente frustrada y contrariada. Y ese estado me tenía inquieta: no podía conciliar el sueño. Lo irónico es que quería dormir para dejarlo pasar, porque son tonterías que pasaron y no merecen importancia ya que no se pueden revertir. Entre esas tonterías está, nuevamente, el tiempo insolente diciéndome "se acabaron las vacaciones".

Lo importante, sin embargo, vino cuando por fin logré dormirme y amaneció. Qué tormento amanecer mientras tu mente juega con tu paciencia y tu inconsciente se entretiene con ello. El mundo de los sueños llevó al límite mis estados emocionales y, entre risas, me dio una lección: No te vayas a dormir con tanto peso innecesario. Bello. Pero no me hagas sufrir psicológicamente un sábado, chico.

La mente es poderosa y cada vez estoy más segura que cuando aprendamos a controlar ciertos aspectos suyos, seremos capaces de ser más felices y abiertos a la sabiduría. Mi subconsciente me plantó anoche un desafío, se alió con mis fantasmas y juntos hurgaron en mí hasta sacar mis miedos (esos "demonios"). Me puso entre el cuchillo y la pared para probar cuán decidida estaba al elegir el arte como medio de expresión (¡de vida!). Y sin vacilar, la Wendy de los sueños se dejó cortar la mano antes que renunciar a sus ideales. Eso, al despertar, se sintió bien. En la realidad también hubiese pasado así.

Luego, probó mi superstición y mi autoestima. Soñaba que vivía un día movido pero alegre hasta que la desgracia del cambio repentino se tornó en una peculiar tragedia: Comencé a perder mis dientes y con ellos, la calma. Aunado a eso tuve que lidiar con compromisos de última hora que había olvidado. Detonaron como bombas atómicas mis miedos profundos de fracasar por des-organización o falta de confianza en mí misma. Evidentemente este sueño me preocupó: los supersticiosos afirman que eso es presagio de muerte y/o desastre. Sin embargo, tenía más sentido que fuese una alarma interna diciendo "no ignores esto o te va a ir mal". 

Justo antes de dormir estuve viendo fotos con cierta nostalgia. De hecho, fue lo que me ayudó a dormir, pues, la sonrisa que generan los recuerdos agradables arrastra consigo un montón de energía positiva. Claro que mi subconsciente iba presto a buscarle el otro sentido y me puso en una situación curiosa de asumir un rol que ya había asumido teniendo, a su vez, el resto de roles que actualmente tengo. Este sueño fue más breve y tuvo un mensaje más directo: No pierdas el tiempo añorando un pasado que ya no encaja, aprecia lo bueno pero sigue adelante. Y es cierto. Si estoy aquí entusiasmada por lo que logro y pretendo lograr, debo entender que mis decisiones pasadas y todas las huellas que fui dejando detrás me guiaron hasta acá.

Así, pues, entendí que hay sueños que solo son un estado malcriado del subconsciente y nada más hay que darle un poquito de atención de vez en cuando porque estos sueños, en su configuración, guardan con recelo aquello que escondemos -de nosotros mismos- por mero capricho. Olvidemos las supersticiones, revisemos lo oculto y démosle atención a lo que verdaderamente importa. Seamos consecuentes.

Y aunque me queje con regularidad de todo lo relativo al tiempo, estoy en paz ahora y me da igual que se vayan las vacaciones. De cualquier manera, lo que más deseo vivir me espera fuera de ellas. Solo espero que la determinación, la seguridad y la buena organización me acompañen porque estas ganas de vivir ya no caben en estas cuatros paredes. (A veces ni caben en esta ciudad).

viernes, 4 de enero de 2013

Simplemente me necesito a mí misma

La mitad de mi alma -y de mi tiempo libre- la dejo diariamente entre las letras de un teclado. En otros espacios distintos a este, ya que este ha caído condenado al más abominable y mortal silencio. No voy a responder porqués. Los interrogantes inútiles solo traen dilemas. Y quizá mienta como  la sociedad me ha enseñado a mentir, con excusas sutiles que parecen irrefutables: "No tengo tiempo para esto", "No tengo inspiración", "Mejor vivir que escribir". Cada una más falsa y más descarada. Y no estoy para manchar -también- de cinismo este espacio que siempre aguarda por mí. (Porque es tuyo el lugar, querida).


No me aburrí. No me quede sin nada que decir. Tampoco voy a apoyarme en el genio loco que sentenció que cuando se vive el amor con felicidad no se puede escribir, solo se debe vivir intensamente. No. Yo paso de eso. Simplemente me fui para encontrarme nuevamente aquí. Cerré la puerta del closet lleno de recuerdos y emociones hermosas. Me permití sentir y gritarlo al instante. O comérmelo y desecharlo por los rincones. Necesitaba crecer y lo hice un poco. Estuve mucho rato viviendo sin desvanecer y divagar tanto hasta que, como diríamos en mi país, me cayó la locha. Es decir, hasta que caí en cuenta. ¿De qué? De que no podía seguir sin escribir.

Y me lo negué a mí misma mucho tiempo. Incluso escribo esto sin estar absolutamente convencida del resultado. Mas he decidido que necesito teclear más y exponerlo aquí. Trato de librarme del prejuicio duro que me azota en cada autocrítica: "bonita, lee más antes de escribir". No porque crea que es falso, todo lo contrario, lo reafirmo. Simplemente me cansé de la postura férrea que pocas veces aplico para relajarme y darme la oportunidad de fallar, levantarme y continuar. Porque no se puede vivir pos-poniéndolo todo por cobardía.

Así, pues, que este espacio sea mi escuela y mi balcón de desahogo. Me permitiré ensuciarlo con mis fantasmas y cursilerías. Me voy a regalar para este 2013 el chance de hacer ejercicio y catarsis sin perder más tiempo. Crecí lo suficiente como para dar la cara y desnudar mi alma sin sentir vergüenza. Y sencillamente en ocasiones no me bastan los 140 caracteres de Twitter, ni los poemas que adoro, ni las canciones que me matan.

Descubrí que... Simplemente me necesito a mí misma.
Esta es una de mis metas no-pensadas y la quiero cumplir.

¡Feliz Año 2013!