sábado, 5 de enero de 2013

Fantasmas del sueño

"Haz como el sol que nace cada día, sin pensar en la noche que pasó". 

Me acabo de topar con esta frase que no sé quién escribió ni cuándo; mas lo primero que pensé al leerla fue "me la encontré tarde", pues, anoche necesitaba tener en cuenta un pensamiento de ese estilo. En fin, no voy a ahondar en eso. Últimamente he aprendido a agradecer lo que venga justo cuando viene sin cuestionar tanto las razones o si sucedió en el momento oportuno. El tiempo es un artificio que deberíamos usar siempre a nuestro favor, ya que él solito se encarga de fastidiar.

Ciertamente si me la hubiese encontrado anoche no estuviese escribiendo esto. ¿Por qué? Porque anoche estaba cargada de energías negativas (nocivas para la salud mental). Estaba ligeramente frustrada y contrariada. Y ese estado me tenía inquieta: no podía conciliar el sueño. Lo irónico es que quería dormir para dejarlo pasar, porque son tonterías que pasaron y no merecen importancia ya que no se pueden revertir. Entre esas tonterías está, nuevamente, el tiempo insolente diciéndome "se acabaron las vacaciones".

Lo importante, sin embargo, vino cuando por fin logré dormirme y amaneció. Qué tormento amanecer mientras tu mente juega con tu paciencia y tu inconsciente se entretiene con ello. El mundo de los sueños llevó al límite mis estados emocionales y, entre risas, me dio una lección: No te vayas a dormir con tanto peso innecesario. Bello. Pero no me hagas sufrir psicológicamente un sábado, chico.

La mente es poderosa y cada vez estoy más segura que cuando aprendamos a controlar ciertos aspectos suyos, seremos capaces de ser más felices y abiertos a la sabiduría. Mi subconsciente me plantó anoche un desafío, se alió con mis fantasmas y juntos hurgaron en mí hasta sacar mis miedos (esos "demonios"). Me puso entre el cuchillo y la pared para probar cuán decidida estaba al elegir el arte como medio de expresión (¡de vida!). Y sin vacilar, la Wendy de los sueños se dejó cortar la mano antes que renunciar a sus ideales. Eso, al despertar, se sintió bien. En la realidad también hubiese pasado así.

Luego, probó mi superstición y mi autoestima. Soñaba que vivía un día movido pero alegre hasta que la desgracia del cambio repentino se tornó en una peculiar tragedia: Comencé a perder mis dientes y con ellos, la calma. Aunado a eso tuve que lidiar con compromisos de última hora que había olvidado. Detonaron como bombas atómicas mis miedos profundos de fracasar por des-organización o falta de confianza en mí misma. Evidentemente este sueño me preocupó: los supersticiosos afirman que eso es presagio de muerte y/o desastre. Sin embargo, tenía más sentido que fuese una alarma interna diciendo "no ignores esto o te va a ir mal". 

Justo antes de dormir estuve viendo fotos con cierta nostalgia. De hecho, fue lo que me ayudó a dormir, pues, la sonrisa que generan los recuerdos agradables arrastra consigo un montón de energía positiva. Claro que mi subconsciente iba presto a buscarle el otro sentido y me puso en una situación curiosa de asumir un rol que ya había asumido teniendo, a su vez, el resto de roles que actualmente tengo. Este sueño fue más breve y tuvo un mensaje más directo: No pierdas el tiempo añorando un pasado que ya no encaja, aprecia lo bueno pero sigue adelante. Y es cierto. Si estoy aquí entusiasmada por lo que logro y pretendo lograr, debo entender que mis decisiones pasadas y todas las huellas que fui dejando detrás me guiaron hasta acá.

Así, pues, entendí que hay sueños que solo son un estado malcriado del subconsciente y nada más hay que darle un poquito de atención de vez en cuando porque estos sueños, en su configuración, guardan con recelo aquello que escondemos -de nosotros mismos- por mero capricho. Olvidemos las supersticiones, revisemos lo oculto y démosle atención a lo que verdaderamente importa. Seamos consecuentes.

Y aunque me queje con regularidad de todo lo relativo al tiempo, estoy en paz ahora y me da igual que se vayan las vacaciones. De cualquier manera, lo que más deseo vivir me espera fuera de ellas. Solo espero que la determinación, la seguridad y la buena organización me acompañen porque estas ganas de vivir ya no caben en estas cuatros paredes. (A veces ni caben en esta ciudad).

No hay comentarios:

Publicar un comentario