No lo notas. Y no sé si frustrarme o festejar. Tampoco sé si mi conocimiento alcanza a tus ideas más internas. Si debo asumir que el margen de error es reducido o creer que es realmente amplio...
Hay tanto que quiero escribir(te) pero siempre me falta algo. Siempre hay un pero. Y cuando pienso mucho en ello creo que a ti te da igual porque seguro habrá algo más interesante para apreciar que unas palabras "repetitivas" (aunque me invente nuevas). Luego pienso que no puedo callarme, que me vale si lo quieres o no, porque es mi voluntad y no la voy a desechar. Después cometo el pecado de esperar algo: una reacción o una respuesta. Soy el perfecto ser humano que se cae a piña con la misma piedra, tresmilveces.
A veces lo asumo con naturalidad y dedicarte mis vanas construcciones lingüísticas son mi mayor deleite semanal. Aunque las releo tanto que termino odiándolas. Nunca es fácil hablar bonito sin caer en lo cursi o lo trillado; tampoco es sencillo describir lo que parece imposible de definir. O eres demasiado vago en la explicación o dejas a un lado la mitad de los puntos porque ya llevas dos folios en letra pequeña.
También me pasa que se me ocurre leer a Benedetti, Neruda, Sabina u otros más de mi combo de genios (cantantes, filósofos, escritores, sabios de barrio y autores baratos que la pegaron solo una vez en su vida) y termino pensando "este tipo lo escribió para mí". Automática, sin estrategia, voy corriendo a compartirlo. Me caigo y me raspo las rodillas con la misma piedra y esta se burla de mí "Pana, hoy hablan un idioma distinto. No es el momento".
Entonces, otro día te encanta y aprovechas para sanar mis raspones accidentales con palabras dulces (que, para mi ansiedad, llegan tarde). Y vuelvo a empezar a caminar en mi círculo iluso de disparar sentimientos sin sintonizar primero. Hasta que llego a este punto de frustración infinita: te lo quiero dedicar todo (hasta la pelusa con forma ridícula que veo en mi monitor). Te quiero escribir diez folios que nunca aburran y ver, por un huequito, como los lees y sonríes embobado. Porque sé que te debo mil notas y me pesa.
Es solo que no sé cómo romper esa burbuja. No sé cómo hacer que los astros siempre estén sincronizados. O casi siempre. O, al menos, en el momento que así lo precisemos. Bailar a destiempo es un asunto difícil. Y no sé quién está peor: aquel que lo nota e intenta establecer un ritmo claro o aquel que no lo nota (o finje) y, paradójicamente, marca el tiempo, la distancia y el compás.
De repente me encuentro pensando en ti, como si te fuese a hacer una dedicación. Pero...
P.D.: Escuchen a esta mujer. <3
P.D.: Escuchen a esta mujer. <3
No hay comentarios:
Publicar un comentario