Alguien solitario y difícil de entender. Está lleno de cualidades, con un corazón jodidamente hermoso pero la vida siempre lo ha jodido. Va de guapo por el mundo pero, en la intimidad, tiene mil inseguridades. Una caraja le pide entrar a su vida para decirle "la vida es bella". Se lo hace creer. Pelean, es un peo. Pero es perfecto. De repente lo quiere compartir todo con ella. Para que ella pueda entenderlo cada vez un poco más. Ella lo acepta. Le gusta él. Le gusta entenderlo. Es uno de sus retos favoritos. A él le van encantando sus ojos y esa sonrisa inocente que dice "todo va a estar bien". A veces lo cree de verdad.
De repente, él se despertó un día y se dio cuenta que es su mejor amiga, el amor de su vida y treinta mil títulos. Él mismo lo provocó... por amor. Él mismo se cerró en ella. A que todo le gustase más con ella. Y no es que esté mal pero todo puede tornarse negativo si uno cambia sin darse cuenta nunca. Cambiar es bueno pero, antes o después, tienes que estar consciente de los cambios.
Tenía claustrofobia. Súbitamente, quiso volver un poco atrás. A hacer las cosas de antes. Porque, además, el tiempo lo fue llenando de mil amarguras y ella las sostuvo pero nunca las pudo reparar: Se necesita voluntad de dos. Tanta evasión a eso le nubló los pensamientos sobre ella. Quizá se cuestionó todo. Y ahora quiere saber si la puede seguir amando sin dejar de ser él mismo. Si puede volver a escribir, a ser más simpático, a hacer mil cosas a la vez organizadamente, quitarse tanta apatía y holgazanería de encima. Pero ella estaba ahí. Lo veía perfecto y le halaba las orejas para que actuara. Su voluntad pesaba más que ellos mismos. Ella luchaba por él y, en ocasiones, luchaba por los dos. Pesaba más. Ya pesaba una cantidad cercana al infinito.
La culpó. La culpa siempre la va a tener alguien más en primera instancia. La culpa tenía que ser de ella. No hay de otra. Total, ella se metió en su vida y lo enamoró así. Desde entonces, fue cediendo para bien o para mal. Se acordaba ingenuamente de viejos amigos y viejos hobbies. La veía y era pura niebla. La culpó otra vez por el simple hecho de estar ahí. Aunque no se imaginaba ni por un minuto que ella no estuviese justo a su lado (en la dulce metáfora de la cercanía). Pero estaba en una caja de cristal. Con todos sus fantasmas dentro.
Una vez más, ella lo volvió a entender. Sin caer en sus histerias ocasionales, sin halar orejas, sin buscar nada, sin demandar -cual pajarillo herido- volver a sentirse especial en ese acuerdo bilateral y armonioso que era quererse con el alma. Él, ahora, estaba confundido porque ella era de esas que nunca se callaba. Quizá se dio cuenta, finalmente, que ella dejó de decir cosas por respeto. La quiso culpar -otra vez- pero Pepe Grillo le lanzó la perla "quizá fuiste tú mismo, con tus pensamientos, el que se encerró".
Desde entonces, decidió algo por amor. No quiso ver más la niebla que la cubría. Quiso luchar por sí mismo... porque sus propios fantasmas lo alejaron de él -en su esencia- y de ella, su compañera de guerra. Entendió que ella no tenía tanta culpa. Pero necesitaba despejarse. Para verlo todo claramente. Para así, quizá, volverla a querer como ambos se lo merecen.
Palabras más, palabras menos. Con sus baches y sus cuentos grises no aptos para estar versión de Disney, esta es la historia.
"...and to be continued".
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