Es inevitable no recitar ciertos versos conteniendo el guarapo o, en su defecto, los pies. No se puede controlar a una mente que divaga entre sus verdades dichas a rajatabla. Eso es tener valor en la pluma.
Te observo en distintas perspectivas. Intento catarte con todos los sentidos, recrearte en la mente de las mil maneras posibles, calcar tu silueta en mi piel, distinguir tus habilidosas maneras de sorprenderme. No te entiendo. Y eso me gusta. Creo que si pretendo entender a las personas, más miserable se vuelve. Soy partidaria de las aproximaciones y la comprensión. Se necesita menos análisis y más aceptación.
Lo eres todo. Mantenerte en esa ambiciosa posición no es cosa fácil porque es más sencillo desvirtuarse y pensar mal. Lo rudo es pregonar y crear un balance adecuado que mezcle amor profundo y tierno con amor instintivo, amistad reconfortante con amistad delirante, compañía agradable con soledad imprescindible. Todo en su medida justa y con su chispa adecuada puede funcionar perfectamente. A veces a la mente débil se le antoja tirar la toalla y aventarse a vivir algo más "normal". Gracias a Dios y a todas las fuerzas sobrenaturales por permitir que ese pensamiento no dure más que unos segundos y se esfume rápidamente entre el aire de mi risa cuando establece puentes con la tuya.
Tenemos un duelo donde escogimos ser aliados y no enemigos. Decidimos cambiar los esquemas y romper diariamente con casi todo lo que está pre-establecido. Ahora los códigos son siempre distintos porque cambiamos las respuestas a las preguntas. La única certeza es que seremos acompañantes hasta el final.
Así, pues, en este desafío de vida, ganar nos hace a ambos vencedores y la perdición nos arroparía por partes iguales. ¿Sabremos perder? ¿Aprenderemos a ganar sin restar? No lo sé. Quizá.
De momento, me gusta ser cursi y pensar que "después de ti, otra vez tú".
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