Hoy es uno de esos días, como muchos otros, que está simplemente bien. De esos en los que no piensas ansiosamente en el mañana. Y sí, afuera el mundo se revienta por el circo mediático de fantoches. Hay un terremoto dividiendo esta ciudad en dos. Muchas sombras alrededor y un silencio que solo se ve interrumpido por los ruidosos motores de motorizados desafiantes. Esta ciudad, mi ciudad, cada vez está más oxidada, más llena de furia, de noches sin bonitas lunas. Y minuto tras minuto se hace más profunda la distancia entre los unos y los otros. No somos inmunes: En el abismo de tus ojos ya no sé si se pueda tocar fondo. Seguir las huellas de tus pasos no es una opción.
Nos perdemos... Y huir, a veces, es también una forma de luchar...
De repente, las cosas que antes importaban están perdiendo peso. Todo, lentamente, empieza a caer. Como se transforma el hielo en agua, así va. Lo muerto vuelve a renacer en "forma" de aire. ¿Y lo que queda? Paz, claridad y ganas de darlo todo por este suelo. También hay mucho de amor que, tan salvaje como bohemio, constituye un alma pirata y un corazón de gitano. El barco está empezando a zarpar, señor.
Les recomiendo escuchar esto. Es brutal y habla por mí: http://grooveshark.com/#!/album/Bestia/3588585
Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
JULIO CORTÁZAR
No hay comentarios:
Publicar un comentario